UNO HASTA EL FONDO

Frente

Miguel Ángel Mancera ha aparecido en el teatro de las circunstancias para decir “no se vale dinamitar al Frente Ciudadano”, menos mal porque durante una semana el
jefe de Gobierno parecía el dinamitero número uno.

La alianza del Frente Ciudadano ha sido una de las historias más complejas y novedosas de la reciente política mexicana, medita Gil mientras esquiva los jitomatazos. Eso piensa Gilga. No es para menos, varias fuerzas políticas disímbolas se han unido con el fin de construir un acuerdo que proponga una opción interesante para México. El Frente cruje, el Frente no cruje, el Frente va, el Frente no va. En una de esas reuniones secretas que todo mundo sabe que han ocurrido, el Frente se ha consolidado. Fue en Guadalajara en una reunión convocada por Raúl Padilla, los miembros del Frente charlaron, discutieron y produjeron al menos 10 columnas periodísticas mediante filtraciones debidamente producidas por el propio equipo de colaboradores de Padilla, si no qué chiste, si se trataba de una reunión secreta y las reuniones secretas siempre aspiran a ser públicas.

Miguel Ángel Mancera ha aparecido en el teatro de las circunstancias para decir “no se vale dinamitar al Frente Ciudadano”, menos mal porque durante una semana el jefe de Gobierno parecía el dinamitero número uno. Esta declaración proferida por uno de los pilares del Frente le dio vida al Frente. Al mismo tiempo, el PRD cerró filas en torno a Mancera para que éste sea el candidato que su partido impulse para la candidatura del Frente. Un-dos-tres-calabaza. Nadie sabe, nadie supo, pero el Frente va.

A todo vapor

Sobre el método de selección de candidatos, los dirigentes del Frente siguen analizando quién puede ser el mejor y, sobre todo, si puede ser elegido por consenso. Guadalupe Acosta Naranjo ha dicho que las negociaciones en el Frente están a 80 por ciento: “Como la coalición a nivel federal es total, hay que discutir cada distrito, cada senaduría, ver los géneros, el Frente va a cristalizarse”.

Memoria

Lean esto: si son tercos nuestros deseos, la realidad lo es mucho más. Gil revisa sus lecturas y mientras esto ocurre cae en estos subrayados de Savater: fue Eliot quien observó que el hombre no soporta más que dosis limitadas de realidad. Supongo que ello se debe a un residuo incurable de nuestra breve etapa infantil de omnipotencia alucinatoria: todos fuimos momentáneamente dioses y es difícil reponerse de tan refulgente experiencia. Como si fuéramos divinidades destronadas a las que la impotencia ha vuelto quisquillosas e impacientes, nada logra satisfacer nuestra incansable demanda: cuanto conseguimos llega tarde, escaso en cantidad o pobre en calidad, coronado de espinas y agobios. Nos estrellamos sin cesar contra lo que hay, porque para nosotros, lo que importa son nuestros deseos, espejos deformantes que reflejan lo existente con agigantamientos o achicamientos propios de barraca de feria.

País de pachecos

Resulta entonces que México es un país de pachecos: sácala a pasear, zacatito pal conejo. Más de 7 millones de mexicanos, 8.6 por ciento de los adultos entre 18 y 65 años, aseguran que la han probado al menos una vez. Según su periódico El País, este porcentaje se duplicó entre 2011 y 2015, lo que hace que el uso de la yerba sea el que más crece. El consumo entre los menores de 12 a 17 años también se ha duplicado. Los consumidores de todas las edades se han incrementado. Gil considera que un niño de 12 años no debería fumar mariguana ni fumar tabaco ni beber alcohol. Las estadísticas deberían repasar las sustancias que ingieren los jóvenes y no solo ellos. ¿Cuál de las sustancias que ingieren los jóvenes es más nociva: mariguana, tabaco, alcohol?

De un tiempo a esta parte, las encuestas tienden a oscurecer y no a aclarar el asunto que investigan: los jóvenes y los adultos consumen más mariguana; bien, ¿y cuánto alcohol y cuánto tabaco? Asunto: no nos pidieron que midiéramos ni alcohol ni tabaco, solo mariguana. Resultado: México es un país de pachecos, y Gil añade de borrachos y fumadores. Y algo peor, de adictos al azúcar. Vea usted, lectora y lector a su alrededor, ¿qué ve? ¿pachecos? ¿fumadores? ¿borrachos? No, usted ve gordos, enormes gordos. No jodan con la mota, por piedad. Dejen tranquilos a los pachecos y revelen los números del azúcar. ¿Qué es peor hoy en día, un joven que se mete un toque o un joven gordo que se come una sopa Maruchan? Gil sostiene: las encuestas están mal, muy mal, y los contratan, y les pagan. Grandes cantidades de dinero para revelar obviedades, o porcentajes pagados. Oh, sí.

Todo es muy raro, caracho, como diría André Maurois: Sólo hay una verdad absoluta: que la verdad es relativa.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com