La lectora y el lector lo saben: en Tlaxcala fue un día histórico, irrepetible, pues el gobernador del estado inauguró las primeras escaleras eléctricas tlaxcaltecas en un centro comercial. Como lo oyen. Gil lo leyó en “Sopitas”. El Sol de Tlaxcala lo reportó así: “La emoción de los primeros compradores al ir de shopping y desplazarse de una planta a otra mediante escalones automáticos evitando con ello la fatiga de un esfuerzo físico mayor”. Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: Gilga todavía se asombra cuando ve las escaleras que se desplazan misteriosamente ya sea hacia arriba, ya sea hacia abajo.
Declaro solemnemente inauguradas estas escaleras que se mueven solas y por las cuales es posible teletransportarse. Y eso que los tlaxcaltecas no han visto unas cajas de metal muy extrañas donde las personas se encierran, aprietan un botón y en un abrir y cerrar de ojos se encuentran arriba o abajo del punto inicial. Los llaman ascensores, pero también son descensores. Gil les jura que estas cajas metálicas existen.
Peldaños inmóviles
Gil recordó el relato de Julio Cortázar incluido en Historias de cronopios y de famas: “Instrucciones para subir una escalera”: “Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón (…) las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse en pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida, aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que pisa, y respirando lenta y regularmente”.
Se sabe que los tlaxcaltecas son de suyo cortazarianos. Sus escaleras siempre habían sido inmóviles. Un buen día el mundo cambia e instalan unas escaleras móviles. A inaugurarlas a la brevedad como un hecho insólito del siglo XXI. No somos nada.
Delfines
Gil lo leyó en su periódico MILENIO. El PAN, el PRD, Morena y MC reventaron el quorum de la sesión de la Cámara de Diputados en oposición a la discusión del dictamen para prohibir el uso de delfines en espectáculos. El coordinador del PVEM, Jesús Sesma, calificó como un berrinche que los coordinadores de las bancadas se retiraran del salón de sesiones. Total, un lío. El Verde no solo acabó con los circos y los animales que en ellos vivían, ahora van sobre los delfines. ¿A dónde irán a parar los delfines de los espectáculos? A la nada, como si Gilga no supiera que a los miembros del Verde Ecologista, que ni es verde ni es ecologista, les vale sorbete la vida de los animales. Les importan otras cosas ecológicas: los departamentos en Cancún, las húngaras, las fiestas del Niño Verde. Hasta eso han estado muy discretos para más que la verdad. Ah, pero el silencio siempre esconde un estruendo. ¿La lectora y el lector desean un delfín? Lo ponen en la tina de su baño y ahí el delfín vivirá feliz de la vida. No olvidemos la alianza del PRI con los verdes, una unión seria, moral, deseable.
Somos o no somos
John Kelly, secretario del Interior de Estados Unidos dijo que un presidente de izquierda en México no sería bueno para ninguno de los dos países. Liópez respondió que no es antiestadunidense, pero que está contra los movimientos hegemónicos de cualquier país del mundo. Lo acompañaba Alfonso Romo, su coordinador del equipo de trabajo del Proyecto de Nación, quien dijo: “El próximo presidente de México mantendrá una relación respetuosa con el gobierno de México”. Gil opina que todo habría sido más sencillo si la respuesta de Liópez y Romo hubiera sido ésta: un presidente de izquierda, correcto: no se refieren a nosotros.
Sí, los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras el mesero se acerca con la charola que sostiene el Glenfiddich 15, Gamés pondrá a circular la frase de Mark Twain por el mantel tan blanco: Nadie se desembaraza de un hábito o de un vicio tirándolo de una vez por la ventana; hay que sacarlo por la escalera, peldaño tras peldaño.
Gil s’en va
gil,games@milenio.com