UNO HASTA EL FONDO

El día siguiente

Dirán la misa, pero los partidos de izquierda debieron tomar de inmediato una postura ante el triunfo de Trump. Gilga se pregunta: ¿cuáles partidos de izquierda? Qué desastre. Entonces, ¿quién enfrentará a Trump? ¿Nadie, nada, nunca?

Gil despertó y recogió del piso lo que quedaba de él. Un hueso por aquí, un pedazo por allá, la autoestima metida en el tambo de la ropa sucia. Ah, que noche aquella que pasó Gil por los filtros de la elección estadunidense: preocupación, mentira, sinrazón. Contra todos los vaticinios, Trump había ganado la presidencia de Estados Unidos. Y mientras más se inquietaban los analistas en las televisoras, más perturbaciones atravesaban la cabeza de Gil: agresiones a granel, amenazas cumplidas, infamias sin pruebas de parte del candidato republicano. Gilga es de los que cree que si Trump cumple un tercio de las amenazas que ha proferido contra México y los mexicanos, la pasaremos muy mal todos.

Los periódicos habían cerrado más tarde que nunca su edición para dar la noticia, y la dieron: Donald Trump ha ganado la presidencia de Estados Unidos. Estupor, azoro, incredulidad, lamentos. El nuevo presidente de Estados Unidos combatirá a los migrantes con una espada de fuego e iniciará deportaciones inmediatas, el nuevo presidente revisará el TLC con una lupa, ese mismo presidente construirá un muro en la frontera. Dirán la misa, pero los partidos de izquierda debieron tomar de inmediato una postura ante el triunfo de Trump. Gilga se pregunta: ¿cuáles partidos de izquierda? Qué desastre. Entonces, ¿quién enfrentará a Trump? ¿Nadie, nada, nunca?

Nacionalismo

Gil abandonó el mullido sillón y preguntó a los cinco vientos (si hay cuatro, por qué no cinco vientos): ¿Existirá en México un político intenso, o un grupo de políticos, que responda a los agravios de Trump? Es el momento del nacionalismo, en el mejor sentido de la palabra (si lo tuviera).

Juntos en todo lo que sea necesario con Estados Unidos, pero no admitimos agravios. No se lo tomen a mal a Gilga, pero la canciller Claudia Ruiz Massieu no es la persona indicada para ese combate, de modo que la primera respuesta del presidente Peña debería ser la reposición del secretario de Relaciones Exteriores. Cómo ve a Gil poniendo y quitando piezas del tablero del gabinete.

Ya en serio: ¿la lectora y el lector se imaginan a la señora Ruiz Massieu negociando una agenda binacional? O más bien se imaginan a alguien como Arturo Sarukhán, por mencionar un nombre, al frente de ese combate que implica ya no digamos la soberanía, sino la dignidad nacional. ¿Cómo ven a Gil en el papel de Francisco Zarco? La verdad sea dicha (muletilla pagada por Morena y Liópez, a quien no le parece un problema que el energúmeno de Trump haya ganado la presidencia de Estados Unidos), sin un canciller capaz de hablar de tú a tú con su homólogo de Estados Unidos, la cosa se pondrá muy fea, dicho sea esto sin la menor intención de un albur electoral.

Saltos de la historia

En plena melancolía, Gilga recordó la idea del historiador Edmundo O'Gorman: la historia no avanza nunca en línea recta hacia delante, muchas veces da saltos hacia atrás. Éste es uno de ellos, medita Gamés: un gran salto hacia atrás. Así lo vio Gil mientras observaba los distintos canales de televisión en los cuales ocurrían las noticias. Y entonces el pobre Gamés pensó: no hay medios de comunicación neutrales, referirse a la realidad es en sí misma una postura, por esta razón admitida en todos los cursos de comunicación, Gamés considera que Carlos Loret se pasó de lanza.

Gilga se explica: desde las 7 de la noche el corazón de rating de Loret pugnaba, combatía, deseaba sin desear que Trump ganara la elección, con la sola finalidad de tener la nota, la noticia bomba a la que aludía Mencken, pues Gamés supone, y supone bien, que el alma de Loret es sin duda liberal, más o menos cercana a Clinton, y muy lejana de Trump. La cobertura de Loret fue por mucho la más completa de la televisión, pero pasada de insinuaciones perturbadoras.

Belisario

Según le informan a Gilga, este podría ser el día en el cual el Senado de la República diera a conocer al ganador de la medalla Belisario Domínguez. Le dicen a Gamés propios y extraños que Ealy Ortiz aún acopia potencia para el reconocimiento; el fantasma de Teodoro González de León lo recibiría de forma simbólica, es un decir; por su parte, González Iñárritu espera la presea; Gonzalo Rivas, héroe cívico de la gasolinera de Chilpancingo, al parecer ha quedado fuera de combate. Helas!

John Stuart Mill intervino así en el amplísimo estudio: El principio progresista es siempre enemigo del imperio de la costumbre.

Gil s'en va

gil.games@milenio.com