UNO HASTA EL FONDO

Mamá

Gamés arroja a esta página del directorio algunos párrafos que el azar de sus libreros y los subrayados en diferentes libros le trajeron para este día de locos en el cual todo se ordena alrededor de la madre


Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil pensaba en su extinta madre. Abandonó la inacción, caminó sobre la duela de cedro blanco y buscó en sus libreros volúmenes con cartas, poemas, relatos sobre la madre. Gamés arroja a esta página del directorio algunos párrafos que el azar de sus libreros y los subrayados en diferentes libros le trajeron para este día de locos en el cual todo se ordena alrededor de la madre. Aquí vamos:

•••

Domingo por la mañana

26 de abril, 1956

Mi muy querida y maravillosa madre:

Estoy tan repleta de amor y de alegría que apenas puedo parar un minuto de bailar, escribir poemas, cocinar y vivir. Duermo ocho horas escasas por la noche y me levanto alegremente bajo el sol. Bajo mi ventana veo ahora nuestro huerto con un cerezo rosado en plena floración, lleno de tordos que trinan, justo debajo.

He escrito los siete mejores poemas de mi vida, frente a los cuales el resto parecen balbuceos infantiles. Cada día aprendo a utilizar nuevas palabras y mi manera de usarlas es más ebria que la de Dylan, más dura que la de Hopkins, más joven que la de Yeats. Ted me lee con su potente voz y es mi mejor crítico, como yo de él.

La razón por la que ahora debes estar tranquila y no preocuparte por mi airoso cambio es porque he aprendido a crecer en la vida a base de tolerar los conflictos, las penas y los sufrimientos (…)

Tu hija que te quiere, Sivvy

Silvia Plath: Cartas a mi madre. Grijalbo. 1989. 399 pp.

•••

En 1973 mi madre descubrió que tenía cáncer de pecho. Debió suceder como suceden estas cosas, y como le sucede a gente como ella. Un tiempo con la conciencia de que hay algo. Un tiempo de preocupación y de creciente certeza. Una mención a un amigo. Por fin una mención a mí, como al pasar. Me ocupé de inmediato de que la viera un médico, quien realizó pruebas y no pareció alentar esperanzas.

Era, y de alguna manera lo sabíamos, el final de un periodo en que éramos exactamente lo que éramos, lo que nosotros habíamos hecho y perfeccionado, habida cuenta de lo sucedido. Algo en esas pruebas estaba a punto de cambiarlo todo, y queríamos poner de manifiesto nuestra convicción de que eso había sido una vida.

Richard Ford: Mi madre. Anagrama. 2010. 79 pp.

•••

Acabo de desenterrar a mi madre, muerta hace tiempo. Y lo que desenterré fue una caja de rosas: frescas, fragantes, como si hubiesen estado en un invernadero. ¡Qué raro es todo esto!

Es muy raro también que yo tuviese madre. A veces pienso que la soñé demasiado, la soñé tanto que la hice. Casi todas las madres son criaturas de nuestros sueños.

En la fotografía, conserva para siempre el mismo rostro. Las fotografías son injustas, terriblemente limitadas, esclavas de un instante perpetuamente quieto. Una fotografía es como una estatua: copia del engaño, consuelo del tiempo.

Cada vez que veo la fotografía me digo: no es ella. Ella es mucho más. Así, todas las cosas me la recuerdan para decirme que ella es mucho más.

Jaime Sabines. “Doña Luz” en Maltiempo. 1972.

•••

21 de agosto de 1918

Mi querida mamá:

Cómo hubiera querido tenerte todo el día cerca de mí en la playa en la que uno está sólo con el sol y las cigarras. Paso mi vida sobre una especie de pontón con un sombrero que hace pensar en ese poema japonés: “Llueve suavemente sobre el sombrero que le he robado al espantapájaros” (…) Te escribo a la luz de una vela sobre el balcón bañado por un claro de luna. Te extraño.

Jean

Jean Cocteau: Cartas a mi madre. Libros del Zorzal. 2005. 157 pp.

•••

Adén, 30 de abril de 1891

Querida mamá:

He recibido las dos medias y tu carta. Las he recibido en tristes circunstancias. Al ver que la hinchazón de mi rodilla derecha y el dolor en la articulación aumentaban cada día, sin encontrar ningún remedio ni ningún consejo, ya que en Harar estamos en medio de negros y no hay ningún europeo. Tuve que abandonar los negocios, los cual no era tan fácil pues tenía dinero disperso por todas partes. Desde hace veinte días estaba acostado en Harar y en la imposibilidad de hacer ningún movimiento, sufriendo dolores atroces y sin dormir ni un minuto durante días (…) No te asustes por todo esto: vendrán tiempos mejores, aunque es una triste recompensa por tantas privaciones y esfuerzos. Qué miserable es la vida. Te saludo de todo corazón.

Rimbaud

Arthur Rimbaud: Cartas de Adén y Harar. Centellas. 2010. 150 pp.

•••

No quise hacer vestidos. / Tuve que hacerlos para sacar adelante a mis hijos. / Las telas no fueron amables conmigo, / Pero mis manos fueron amables con la tela al trabajarla. / La palabra amabilidad debía estar escrita en todo / Supe por mi comadre Amparo que nada en el mundo vale más que un rato de conversación. / Si quieren recordarme hagan algo por mí: / Recuerden a su vez que los plátanos anhelan el sentido que tuvieron en sus pencas. / un plátano sufre más si luego de  ser desprendido de la penca / Herido en su sensible y  perdida pertenencia a la penca, / Es puesto bocarriba en el frutero.

Luis Miguel Aguilar: “Epicedio por su madre” en Pláticas de familia. Cal y Arena. 2007. 168 pp.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com