UNO HASTA EL FONDO

La casa de los sustos

Reducir la deuda como porcentaje del PIB: ¿me puede repetir la pregunta? Ohquela: ahora resulta que el problema es que vivimos de prestado.

A las 10 de la noche, cuando el debate entre Hillary Clinton y Mr. Trump había terminado, el peso había recobrado terreno y se encontraba en 19.51 por un dólar. Había ganado 1.9%. Gil dice: qué bueno, esperemos que vuele la siguiente mosca y volvamos a los 20 o 21 pesos por dólar.

En un tiempo de disfraces, Gilga se disfrazaba de economista que había estudiado en el extranjero: el saco de tweed con parches en los codos, el pantalón gris de lanillas, los zapatos bostonianos, los calcetines de cocol, la camisa boton down, la corbata tejida. Con ese atuendo decía cosas como ésta: los tesobonos no me suenan nada bien, revisemos el caso de Indonesia; o bien esto otro: si el mercado lo es todo, el todo es el mercado. Y siempre cerraba sus conversaciones diciendo esto: me llaman para integrarme al equipo de la hacienda pública.

Nadie nunca descubrió a Gilga. Ahora mal sin bien: cuando Gamés oye a los economistas del poder (suena bien: economistas del poder), le pasa por la cabeza que todos se han disfrazado. ¿Sabe Gil de economía? Ni papa. Pero ha vivido devaluaciones espeluznantes y crisis económicas de la casa de los sustos, como para saber cuando la cosa no va bien y, ladies and gentlemen, las cosas no van nada bien.

La patada y el PIB

Gil lo leyó en su periódico El Financiero. El jefe de la hacienda mexicana, José Antonio Meade, ha dicho: “La propuesta de paquete económico reconoce que las finanzas públicas dependían de préstamos, por lo que se busca reducir la deuda como porcentaje del PIB, a través de un recorte del gasto público sin antecedentes”. Reducir la deuda como porcentaje del PIB: ¿me puede repetir la pregunta? Ohquela: ahora resulta que el problema es que vivimos de prestado. Bien, el que sabe, sabe, pero pequeño problema: Meade fue uno de los secretarios de Hacienda que hizo que viviéramos de la caridad de los créditos.

El Consejo Coordinador Empresarial ha dicho que hay tela de donde cortar en el recorte al presupuesto de 2017 y calculó que la reducción en subsidios podría ser de 400 mil millones de pesos, así como otros 650 mil en las aportaciones federales a los estados: “De no hacerlo, una cosa es segura, la presión al tipo de cambio puede ser aún mayor”. ¿No les digo? Gil recordó a Juan de Mairena, personaje y alter ego de Antonio Machado, y copió uno de sus métodos de enseñanza: “Que la deuda caiga como porcentaje del PIB”. Ponga esta frase en lenguaje poético: “Que nos va a ir de la patada”.

El cinturón

Ya se ha referido Gilga en esta página del directorio a la frase que acompaña a los recortes presupuestales: apretarse el cinturón. Esta frase poco original logra caricaturas de moneros deschistados: un obrero cadavérico con un cinturón apretándole la garganta. Esos cartones son muy combativos, pero no le arrancan una sonrisa ni al Guasón.

De la misma forma, los bolsillos de un pobre hombre vueltos al revés y fuera del pantalón sin siquiera un quinto partido por la mitad es otro lugar común deleznable. Deberíamos inventar nuevas imágenes para nuestras mortificaciones: ¿masas de personas que se arrastran a ciegas en busca de un mendrugo? Sería una exageración, cierto. ¿Un payaso que llora? Tampoco es el caso. ¿Un mar de lágrimas y hombre y mujeres nadando en él? Menos, nadie se daría cuenta del mar de lágrimas. En fon.

Oigan esto: la flamante secretaria de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, Rosario Robles Berlanga, estaba en Monterrey y dijo que todos los municipios, los estados y el gobierno federal tendrán menos dinero por la caída de los precios del petróleo: “Todo el país nos tenemos que apretar el cinturón porque hay una caída en los precios del petróleo que siguen siendo una fuente importante de ingresos”.

Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: aquí hay complejidades. Ya de por sí “el cinturón” representa una figura de suyo ambigua, pero si además le agregamos los problemas con el singular y el plural, la cosa se pone de los mil demonios: “todo el país nos tenemos que apretar el cinturón”. Un grito desgarrador rompió el silencio imponente del amplísimo estudio: ay, mis hijos sin concordancia.

Por lo demás, Gilga le agradece a la secretaria Robles Berlanga que nos informe que “los precios del petróleo sigue siendo una fuente importante de los ingresos”. Gilga comprende: el lenguaje sigue siendo una fuente importante de problemas para lo que viene siendo la expresión. Total: precios, petróleo, ingresos, ya entendimos. Siempre que Gamés ve trabajar a la señora Robles Berlanga le viene a la mente el aroma de la pasión: Ah, l’amour.

Bertrand Rusell le sacó el buey de la barranca a Gil: Qué agradable sería un mundo en el que no se permitiera a nadie operar en bolsa a menos que hubiese pasado un examen de economía y poesía griega; y que los políticos estuvieran obligados a tener un sólido conocimiento de la historia y de la novela moderna.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com