Gil no da crédito y cobranza. Un informe publicado en Archives of Sexual Behavior, realizado por las universidades de Indiana, Chapman y Claremont Graduate, ha revelado asuntos temibles sobre el orgasmo femenino y masculino. Gil se arrodilla ante la curiosidad, simple razón por la cual puso manos a la obra (pueden empezar, al fin que ya es viernes). Gamés lo leyó en su periódico El País. La encuesta no es como las que hace Liópez, ésta se ha realizado entre una muestra de más de 52 mil estadunidenses, de los cuales 26 mil 32 eran hombres heterosexuales, 24 mil 102 mujeres heterosexuales, mil 112 mujeres bisexuales, 550 hombres bisexuales, 452 hombres homosexuales y 340 mujeres homosexuales.
El primer asunto, informa la nota de El País, investiga si la orientación sexual influye en la frecuencia de los orgasmos. A Gil se le perló la frente de sudor. Pues bien, según esta encuesta 95 por ciento de los hombres heterosexuales llega al clímax. Gilga abandonó el mullido sillón y gritó: ¡hip, hip, hurra! ¡hip-hip-hurra! El 89% de los homosexuales y 88% de los bisexuales, también. Todos tranquilos, que nadie se mueva, no echen las campanas al vuelo, ni sus tentaciones al retozo. La separación es mayor si se analiza el orgasmo femenino: 88% de las mujeres homosexuales alcanzan el orgasmo, y solo 66% de las bisexuales logran el cielo de la satisfacción y el 65% de las mujeres heterosexuales obtienen el orgasmo.
Desigualdad
Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: aquí hay complejidades: a Gamés no le salen las cuentas. Si 95% de los hombres terminan felices de la vida y apenas 65% de las mujeres hetero arañan la gloria de la intimidad, algo pasa. Hay una distribución desigual del orgasmo. Comuníqueme con el Inegi. La pobreza orgásmica nos agobia, y eso para no hablar de pobreza orgásmica extrema. Así las casas (muletilla patrocinada por Grupo Higa), el resultado de esta desigualdad podría ser catastrófico pues las relación entre dos mujeres puede ser más placentera que la unión heterosexual. Gamés caminó sobre la duela de cedro blanco y farfulló: urge una solución bien y a fondo (no les digo).
La sexóloga Marta Pascual afirma: “Parece que las mujeres heterosexuales salen perdiendo en este estudio y nos hace pensar que el modelo de sexualidad normativa en el que parece que nos encontramos no les favorece y se basa en un tipo de conducta puramente penetrativa y genital. Este modelo les queda corto a las mujeres”. Gil espetó: es que los hombres son bien weyes y pagamos justos por pecadores. La sexóloga Pascual afirma que “el clítoris es el único órgano de la mujer que existe únicamente para sentir placer”.
Ya nada es igual
Si Gamés ha comprendido algo, cosa improbable, queda atrás el chivito en el precipicio, o solo esa forma atávica de sexualidad; la épica única y definitiva de las armas al hombro; el trenecito rumbo a Irapuato; el tristemente célebre misionero y otras figuras aprendidas en el Kama Sutra. El tiempo impone las caricias de seda, los roces milagrosos, el beso del payaso, el soplo de la memoria, los tocamientos celestiales, el vaho como si se limpiara una pieza valiosísima de plata y la frase: estoy para lo que usted guste y mande.
Gil recuerda un palíndromo del escritor Gilberto Prado Galán que Gamés copiará aquí como un servicio a la comunidad: “A dama madura, ruda mamada”. Se lee de izquierda a derecha y de derecha a izquierda. ¿Cómo la ven? Lo que ha querido decir la sexóloga cabe en este palíndromo. Según los investigadores, “hay un patrón claro entre más sexo oral y más orgasmos en las mujeres heterosexuales, las lesbianas, las mujeres bisexuales, los gays y los hombres bisexuales”. Fuera máscaras: to-dos, to-di-ti-tos. Un grito desgarró el silencio del amplísimo estudio: ay mis hijos y mis hijas, pasen a tomar atole.
Sí, los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras el mesero se acerca con la charola que sostiene el Glenfiddich, Gamés pondrá a circular la frase de Aldous Huxley: Una orgía real nunca excita tanto como un libro pornográfico.
Gil s’en va
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