UNO HASTA EL FONDO

Dylan y otras canciones

La grey de Bob Dylan ejercerá su odio rotundo contra Gil, por lo que hay que ser muy rápidos: la entrega del Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan le parece a Gamés al menos una exageración. Aunque las canciones de Dylan rozan la poesía son solo canciones. Dylan no es un poeta en el sentido en que sí los son Seamus Heaney, Octavio Paz, ganadores ambos del Nobel, o Charles Simic, por citar tres poetas que le gustan a Gilga. En un mundo lleno de grandes escritores, ¿por qué premiar a un músico? Por necios, y para entregar el canon a lo políticamente correcto. ¿No se habría engrandecido el Nobel si se lo otorgaran al gran escritor argentino Ricardo Piglia? ¿No habría sorprendido a propios y extraños que finalmente Philip Roth lo obtuviera?

Gamés no le regatea ni una pizca a la obra de Dylan, gran ícono de la cultura popular de la resistencia de los años sesenta, combativo letrista de altos vuelos. En esa década, Dylan combatía con sus canciones, Ángela Davis iba y venía en defensa de los derechos de los negros, y Dylan inventaba una canción. Algunos años después, las ilusiones de Dylan volaban en añicos, dicen los expertos, debido a la descomposición de la vida social de Estados Unidos, cualquier cosa que esto quiera decir. Comprender a Dylan exige observar la evolución que va de “The Death of Emmett Till” a “George Jackson”. ¿Cómo ven a Gilga citando a diestra y siniestra, como si supiera algo? Entonces, ¿las rolas del gran Dylan son poesía? Desde luego que no, no manchéis.

Aquellos tiempos

Gil recuerda aquellos años. Fiestas de preparatoria en las cuales sonaban los discos del gran Dylan (así se decía). Con ustedes: The Times They Are a-Changin, gran álbum, el tercero de estudio de Columbia Records en enero de 1964. Ni se les ocurra pensar que Gil sabía esto, toda esta información proviene de Wikipedia, como muchos de los datos de los que se hacen pasar por especialistas en Dylan. En fon. Dylan grabó el épico álbum en agosto de 1963.

Pues como Gil les iba diciendo: sonaba ese disco, como se les decía entonces a los acetatos y a los álbumes. Era un rola cósmica, hermanos. Y así la chapurreaban en inglés los jóvenes, exactamente como Gilga ha chapurreado, en estado incróspido, esta bella canción que al parecer, según la Academia, es comparable a un poema de Auden. Con la pena, pero no.

Ahora mal sin bien: cuando sonaba la cuarta banda del disco y la aguja marcaba el surco, Gilga perdía la paciencia pues todos estaban muy pachecos. Gran rola, magíster, que vuelve a sonar y mientras sacatito pal conejo. Nunca faltan los necios en una fiesta: pongan al Jefe Dylan, no sean mamones. Y Gil recuerda que decía: una pinche misa más de Dylan y Gil renunciará. Gilga blasfema: más de cinco canciones de Dylan pueden acabar con el más puesto poeta rockero.

Y la mota corría como agua de río. Ay, hermanos, que mota más cañona le trajeron a Gil. Por si usted es muy joven, Gilga le informa: eran los años del sexenio de Echeverría, el fin del milagro mexicano, los años de la guerrilla urbana, el tiempo en que el peso se devaluó, la era en que empezó la eterna crisis mexicana.

George Jackson

Gil pone a disposición de la lectora y el lector una canción del premio Nobel de Literatura Bob Dylan. Se trata de una versión al español de “George Jackson”:

Cuando me desperté esta mañana

Mi cama estaba empapada en lágrimas

Han matado a un hombre al que amaba la verdad

Le han pegado un tiro en la cabeza.

Dios, Dios, lo pusieron en tierra

Lo metieron en la cárcel

Por un robo de treinta dólares

Cerraron las puertas tras de él

Y tiraron la llave

Dios, Dios, han matado a George Jackson

Dios, Dios lo pusieron en tierra.

Nunca aceptó la mierda de nadie

Nunca agachó la cabeza ni se arrodilló

Las autoridades lo odiaban

Porque era demasiado real.

Dios, Dios, han matado a George Jackson

Dios, Dios, lo tumbaron en la tierra.

Los guardianes de la prisión lo maldecían

Mientras lo vigilaban desde lo alto

Pero tenían miedo de su poder

Estaban asustados de su amor

Dios, Dios, han matado a George Jackson

Dios, Dios, lo han tumbado en la tierra

A veces pienso que este mundo

No es más que un gran patio de prisión

Algunos somos presos

Los otros somos guardianes

Dios, Dios han matado a George Jackson

Dios, Dios, lo han tumbado en la tierra.

Lo habrán notado la lectora y el lector: la canción es malona, la traducción muy mala y el poema infumable. Este es el nuevo premio Nobel de Literatura.

Sí, los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras el camarero se acerca con la bandeja que sostiene el Glenfiddich 15, Gamés pondrá a circular la frase de Cocteau por el mantel tan blanco:

Yo sé que la poesía es imprescindible, pero no sé para qué.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com