UNO HASTA EL FONDO

Cerca de los lejos

Gil leyó sin pausa la entrevista que el secretario de Hacienda concedió a Roberto González Amador de su periódico La Jornada. José Antonio Meade cometió una declaración impresionante que le estrujó el alma a Gil: “A México le va a ir bien. Es un país donde los esfuerzos que está haciendo se ven, se palpan las reformas en las calles”. Gamés caminaba por la Avenida Chapultepec, muy quitado de la pena, feliz y no tan distraído, cuando le dio una sobada a algo raro, lo que se llama un repasón, no pudo evitarlo. Cuando pensó que un bofetón le cruzaría el rostro, escuchó esto: gracias por palparme: soy la reforma energética. Un poco escuálida, caviló Gilga. Siguió su camino y al llegar a la avenida de los Insurgentes, de nuevo lo poseyó una tentación ingobernable y tentó algo gelatinoso que de inmediato dijo: buenas tardes, soy la reforma educativa. 

Ahora mal, si José Antonio Meade se refería al hecho de que las reformas han mejorado la vida diaria de los mexicanos, el señor secretario simplemente ha mentido. Los beneficios no aparecen por ninguna parte. Quizás es temprano para eso, correcto, pero entonces no digamos que ya se palpan las reformas en las calles. Caracho.

Gastos aquí, gastos allá

¿En qué se ha utilizado la deuda?, le ha preguntado González Amador al secretario Meade. Éste ha contestado: “Se utilizó en los diferentes proyectos de inversión que vemos a diario. En puertos, aeropuertos, vialidades, carreteras, instalaciones ferroviarias. La deuda en la que se incurrió se tradujo en infraestructura que traerá su fuente de pago hacia delante”.

Gilga caminó sobre la duela de cedro blanco y meditó: Dios libre a este hombre de hundirse en pensamientos nefandos. Si José Antonio Meade lo dice, debe ser cierto, pero entonces ¿por qué cada vez que lee un periódico, cualquiera que sea, a Gil le salta como conejo negro un caso de corrupción de miles de millones desviados? Sí, ya sabe Gilga que esos son cacahuates, pero caramba, sumados los cacahuates hacen una cifra estratosférica e indignante. ¿Exagera Gamés? ¿Quiere decir Gil que los políticos se roban el dinero? Sí.

Por cierto, el secretario Meade ha dicho con énfasis hacendario que “no estamos ni cerca de afrontar una crisis en finanzas públicas”. ¡Fiu!

El Cuau

Si Cuauhtémoc Blanco tuviera políticamente un tercio de la habilidad que tuvo en el campo de juego, el Cuau sería un político presentable. Por desgracia, el cerebro de Blanco es de esas piedras porosas con las cuales se limpia el cochambre de las sartenes (en femenino suena elegante).

Gil lo leyó en su periódico Excélsior. El secretario técnico del Ayuntamiento de Cuernavaca, Morelos, Juan Manuel Sanz Rivera, dijo esto: “Yo les voy a decir una cosa y que quede claro de una vez por todas, sobre el tema del contrato. Lo que más quiero en el mundo es la vida de mis hijos, y por la vida de mis hijos les digo a todos y a la opinión pública que ese contrato es falso”. Gamés se da por enterado, primero, del padre amoroso que adora a sus hijos; luego, de que el contrato es falso.

La fiscalía morelense comprobó que es legítima la firma del ex futbolista en el contrato de 7 millones de pesos con el Partido Social Demócrata a cambio de ser su candidato para la alcaldía de Cuernavaca en 2015. El INE realiza investigaciones (así se dice). Gil ha leído muchos libros de poesía, por lo mismo puede disponer de bellas palabras: el Cuau es bien güey y bien corrupto. Oh, sí.

El piloto y la vajilla

Gamés lo leyó en su periódico Reforma en una nota de Alan Miranda. El piloto que transportó al senador Emilio Gamboa, al coordinador de Puertos y Marina Mercante de la SCT, Guillermo Ruiz de Teresa, y al empresario y amigo viejo y leal del senador Gamboa, don Emilio Díaz Castellanos, ese piloto pagará por aterrizar en el Parque Nacional Arrecife Alacranes. Al piloto le han suspendido temporalmente la licencia, lo multarán con más de 300 mil pesos. Total, el piloto paga la vajilla rota. El senador regresa a sus labores legislativas, el funcionario de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes vuelve a coordinar los puertos, mju, y el empresario a contar a sus empleados, uno, mil, dos mil, tres mil. Ya se sabe: entre nosotros pagan pecadores por justos, ¿o cómo era?

Los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras los meseros se acercan con la charola que sostiene el Glenfiddich 15, Gamés pondrá a circular la frase de Bertrand Russell por el mantel tan blanco: Un síntoma de que te acercas a una crisis nerviosa es creer que tu trabajo es tremendamente importante.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com