SOCIEDAD Y DERECHOS HUMANOS

La tragedia de Pepe y Toño

José Luis, después de casi catorce años como ejecutivo, fue despedido de una empresa trasnacional, debido a un recorte de personal y a que la misma está a punto de irse a la quiebra, razón por la cual recibió una liquidación, es decir, le obligaron a firmar su renuncia.

Como dice el comercial del Consejo Nacional de la Publicidad “Voz de las empresas”, presento a ustedes la historia de dos poblanos: José Luis y Carlos Antonio, quienes en verdad se creyeron la inverosímil historia de que en México es posible abrir una empresa para obtener una forma de vida mejor, producir bienes o proporcionar servicios y, sobre todo, dar empleo a tantas personas que hoy sufren de la falta de oportunidades laborales o que sobreviven con un salario de miseria.

Pues bien, José Luis, después de casi catorce años como ejecutivo, fue despedido de una empresa trasnacional debido a un recorte de personal y a que la misma está a punto de irse a la quiebra, razón por la cual recibió una liquidación, es decir, le obligaron a firmar su renuncia y le dieron en efectivo doscientos cincuenta mil peros de liquidación, que, según sus cálculos, le permitirían vivir unos seis meses sin pasar problemas económicos ya que tiene una familia compuesta por una esposa y dos hijos de cinco y siete años respectivamente.

Así que sólo tenía dos opciones: buscar un nuevo empleo o invertir su liquidación en un negocio que era su sueño dorado, poniendo un restaurante de comida típica poblana. Optó por la segunda, y decidió invitar como socio del proyecto a Carlos Antonio, su compadre, y quien se encontraba desempleado desde hace casi un año, pero que tenía un auto de modelo reciente y una casa en copropiedad con su esposa. Le pidió 200 mil pesos para entrar en la sociedad, para lo cual remató su auto y pidió un préstamo con un usurero, dejando en garantía del pago su casa.

Así, pensando que tendrían éxito en el negocio, rentan un local en el centro de la ciudad en 20 mil pesos mensuales, donde les piden dos meses de depósito. En acondicionar el inmueble gastaron 40 mil pesos; en mobiliario 70 mil. Sumando de inicio un gasto de 130 mil pesos, se auto-emplearon, pero como no sabían cocinar contrataron un cocinero, una lava-trastes y un mesero; sin embargo, la primera semana les cayeron los inspectores de giros comerciales del Ayuntamiento y les pidieron su licencia de funcionamiento que no habían tramitado, ya que para ello deberían exhibir el contrato de arrendamiento del inmueble registrado, pero carecían de éste, por haber pedido al dueño no se hiciera para evitar pagar el IVA.

No tenían registro federal de contribuyentes, así que tenían que contratar a un contador que les cobraría 2 mil pesos mensuales, desaparecieron los pequeños contribuyentes y ahora son “empresarios”. Además de presentar un dictamen estructural del inmueble, alineamiento y número oficial, constancia de seguridad de Bomberos, dictamen de protección civil municipal, factibilidad de agua potable, seguro contra daños, licencia sanitaria expedida por la Secretaría de Salud, afiliarse a la Cámara de Comercio y con esos documentos ahora sí gestionar su licencia.

Por lo pronto, los inspectores procedieron a clausurarles el negocio, por lo que no pagaron salario, ni al cocinero ni al mesero, por lo que a los quince días, fueron emplazados a huelga por el Sindicato de Meseros y Similares del estado de Puebla y anexos, conflicto que duró aproximadamente seis meses, período en el cual no pudieron acceder al restaurante y tampoco gestionar los permisos.

A todo esto se sumó la exigencia del casero del pago de las rentas vencidas.

En total, todos los gastos de trámites para abrir su propia empresa sumaban, en derechos y equipamiento, aproximadamente 150 mil pesos. Fueron condenados por la Junta de Conciliación a pagar los salarios a los trabajadores y a reinstalarlos, optando por liquidarlos con sesenta mil pesos.

En resumen: el negocio quebró, esfumándose su dinero y terminando con sus sueños.

Por lo que ahora, sin dinero y con deudas, terminaron peleados y sin empleo. Con todo esto, estimado lector y con tantos tramites y pagos al Municipio, Estado y Federación, que sólo buscan la forma de capturar más contribuyentes para cobrarles impuestos, ¿usted se atrevería a abrir un negocio, como Pepe y Toño?