SOCIEDAD Y DERECHOS HUMANOS

Votar, ¿para qué?

Una de las interrogantes que nos hacemos muchos poblanos, ante la proximidad del proceso electoral en que se elegirán en el Estado a dieciséis diputados federales el primer domingo de junio, es: ¿Con qué cara y bajo qué argumentos pretenderán los candidatos de los principales partidos políticos con registro nacional, pedir el voto de los ciudadanos?

Y señalo esto porque a raíz de la deplorable situación económica por la que atraviesan más de 60 millones de mexicanos, los graves problemas de inseguridad con el aumento de la delincuencia, homicidios, desapariciones forzadas, extorsiones, secuestros, narcotráfico y sobre todo con los escándalos de corrupción e impunidad del que día a día dan razón las redes sociales, más que los medios masivos de comunicación que se encuentran sometidos al poder económico del Gobierno federal y de los Estados, unidos a las graves violaciones a los derechos humanos denunciadas ante organismos internacionales, como los casos de Chalchihuapan, Tlatlaya y Ayotzinapa, resulta ilógico e irracional intentar hacer creer a los ciudadanos que en el país no pasa nada y que vamos por el rumbo correcto, cuando es materialmente imposible tapar lo que sucede en México.

No podemos olvidar que en este juego perverso al que nos han sometido los partidos políticos, que firmaron el denominado “Pacto por México” y con la aprobación de las reformas estructurales, se tejieron además una serie de acuerdos y complicidades, que aunque en este proceso electoral los partidos y sus candidatos busquen a toda costa desmarcarse y culpar a otros de la situación de la nación, ello les será imposible, ya que nos queda muy claro que existe un marcado rechazo de la ciudadanía a los discursos, juegos de palabras y promesas de quienes buscarán obtener el triunfo en las elecciones a toda costa, gastando millones de pesos para tratar de convencernos que son la mejor opción o que ahora sí, van a acabar con la corrupción y la impunidad y a preocuparse por atender a los grupos más vulnerables.

En el momento actual de México, la desconfianza, el rechazo y desprestigio de las instituciones políticas es lo que priva en el ánimo de los electores, aún más entre los jóvenes entre 18 y 30 años, quienes después de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y la intención del Gobierno Federal de dejar pasar el tiempo para que el hecho se olvide (“se supere”, según Peña Nieto) no sólo sienten un profundo rechazo por los partidos y autoridades, sino también coraje e impotencia porque  a pesar de todas las movilizaciones y protestas a nivel nacional e internacional que se han levantado, no existe una explicación creíble de lo que realmente sucedió con los estudiantes desaparecidos y seguramente llegaremos al día de las elecciones sin una conclusión de las autoridades que deje satisfechos, no sólo a los padres y familiares de los desaparecidos, sino a toda la población.

Por todo ello, no sé de qué forma los candidatos podrán lograr que, por lo menos, la gente los escuche y no termine por correrlos de las colonias, donde prevalece un clima de escepticismo y hartazgo por todos los excesos, corruptelas, mentiras y arbitrariedades en que ha incurrido la clase política y en este grupo, da lo mismo hablar de PAN, PRI, PRD, PANAL, PVEM, MC, etc.

Todos, de una u otra forma, han contribuido en mayor o menor medida al actual estado de cosas, al proteger sus intereses y privilegios y más aún al conservar a los diputados plurinominales, a los que tenemos que mantener los contribuyentes, aunque no sepamos quiénes son y sin que los hayamos elegido con nuestro voto.

Así continuarán los grupos de legisladores de las televisoras, de los maestros, de los grupos empresariales y hasta los promovidos por los cárteles con candidatos vinculados a los grupos delictivos. Más los repudiados candidatos chapulines.

Así, ¿quién tiene ganas de ir a votar? si  es una vergüenza la “democracia” a la mexicana.