SOCIEDAD Y DERECHOS HUMANOS

Reforma Educativa sin rumbo

El aumento del gasto es igualado con reformas para ayudar a niños en desventaja, invertir en maestros y mejorar el entrenamiento vocacional, pero una generalizada falta de evaluación sobre el impacto de estas reformas podría entorpecer su eficacia y dañar los resultados en materia educativa.

La Reforma Educativa concretada el 11 de septiembre de 2013 e instaurada por el presidente Enrique Peña Nieto fue diseñada a beneficio de los intereses de la jerarquía empresarial del país bajo los parámetros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Los documentos de la OCDE Mejorar las escuelas: Estrategias para la acción en México (2010), Establecimientos de un marco para la evaluación e incentivos para docentes: Consideraciones para México (2011), México: Mejores políticas para un desarrollo incluyente (2012) y Getting It Right: Una agenda estratégica para las reformas en México (2012), así como el estudio Ahora es cuando: Metas 2012-2024, elaborado por Mexicanos Primero, confirman acuerdos y reflejan directrices de la reforma educativa y las acciones que en esa materia ha asumido el gobierno federal.

La OCDE señala que el éxito de las reformas en educación está amenazado por falta de supervisión. Detalla que los gobiernos alrededor del mundo están bajo una creciente presión para mejorar sus sistemas educativos. El aumento del gasto es igualado con reformas para ayudar a niños en desventaja, invertir en maestros y mejorar el entrenamiento vocacional, pero una generalizada falta de evaluación sobre el impacto de estas reformas podría entorpecer su eficacia y dañar los resultados en materia educativa.

En contraste, cuando el titular del Ejecutivo reseñó en su Segundo Informe de Gobierno, que en el Concurso de Ingreso a la Educación Básica participaron 130 mil 168 aspirantes, en el de Ingreso a la Educación Media Superior 34 mil 443, y en el Concurso de Promoción a Cargos de Director 905 aspirantes, olvidó comentar que el 60% de los maestros que participaron en el concurso de oposición en educación básica fue descalificado, al igual que 67% de los evaluados en educación media y 72% de directivos en ese grado.

Vaya, ¡qué ironía!

Para 2012 el texto pedía el nombramiento de un secretario de Educación sin ataduras con el SNTE. Se nombró a Emilio Chuayffet, enemigo de Elba Esther Gordillo, quien encabezaba ese gremio… Y aunque ella está fuera de la escena, los actuales líderes sindicales han recobrado la misma fuerza de antaño; es obvio ante la coyuntura electoral que vivimos.

Evidentemente, la Reforma ha sido un fracaso, pues en Oaxaca, Guerrero y Michoacán han dejado a millones de niños sin instrucción escolar. El control de la educación no lo ejerce nadie y en esas condiciones evidentemente no hay educación de calidad en México. El sueño de José Vasconcelos se ha ido por la borda.

Aunque el Foro Económico Mundial publicó el informe “Competitividad Global 2012-2013” cuyos datos muestran el índice de competitividad en 144 países y en donde México ocupa el lugar 53, hay 32 millones de personas mayores de 15 años que viven con rezago escolar, de ellos 5.4 millones de mexicanos son analfabetas, 10 millones no concluyeron la primaria y 16.4 millones dejaron trunca la secundaria; sólo tres de cada 10 personas de entre 19 y 23 años tienen acceso a la educación superior. Cabe resaltar que el 9% de los niños de diversas comunidades originarias no asiste a la escuela, mientras que la mitad de los indígenas mayores de 15 años no concluyó la primaria.

Ante este panorama, ¿por qué dejamos la educación de los niños en manos de líderes políticos y sindicales inescrupulosos, quienes obviamente no tienen a sus hijos en escuelas públicas o ni siquiera estudian en México?

¿Hasta cuándo seguiremos así?

En vez de esperar un levantamiento social, tomemos el rumbo por lo menos de lo que está a nuestro alcance. Dejemos de lado la programación televisiva chatarra, retomemos los libros, leamos con nuestros hijos, utilicemos el internet para capacitarnos sobre lo que no sabemos, en fin, hay tanto que hacer, sin esperar que otras personas a los que nos les interesamos nunca hagan su trabajo y sólo echemos culpas.