Ucrania y la gran recesión

El presidente Petro Poroshenko toma las riendas de una Ucrania salvada de la bancarrota con la ayuda masiva de los organismos y gobiernos occidentales, pero sumida en una recesión, agravada por una insurrección en su corazón industrial.

“La situación es difícil, aunque no es tan mala como en 2008-2009”, constata Olena Bilan, economista de Dragon Capital en Kiev. “La gente ve cómo bajan sus ingresos. Por el momento la población está dispuesta a soportar el dolor, pero con el tiempo esta tolerancia decaerá”, asegura la analista.

Tres meses y medio después de la caída de Víktor Yanukóvich como mandatario, el incendio financiero que abrasaba al país europeo ha sido sofocado en parte. Se ha anunciado un plan de rescate occidental de 27 mil millones de dólares y el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha entregado ya 3 mil 200 millones de dólares.

La Unión Europea (UE) se declara, además, dispuesta a celebrar en julio una “reunión de coordinación” antes de una “conferencia internacional” de donantes a finales de año.

Como consecuencia, la moneda nacional, la grivna, se ha estabilizado, tras haber perdido el tercio de su valor entre diciembre y abril pasados, y las reservas de divisas suben.

“Hemos aguantado el tirón”, afirmó el viernes pasado el primer ministro, Arseni Yatseniuk, al hacer balance de los 100 días en su cargo.

“Hemos conseguido evitar esa palabra horrorosa que es la quiebra. Se han pagado todos los gastos sociales, jubilaciones y salarios”, añadió el primer ministro, que Poroshenko prevé mantener en el cargo.

Pero los efectos de la crisis financiera apenas empiezan a sentirse en este país, otrora parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

“La situación es catastrófica, el nivel de vida de la población es muy bajo, los capitales salen del país. El poder que ha sustituido a Yanukóvich no ha cambiado nada en el plano económico”, matiza Guenadi Balachov, promotor inmobiliario y ex diputado, actualmente al frente de un movimiento empresarial.

La caída de la moneda provocó un aumento de los precios de los productos importados, sobre todo de los carburantes, que repercute progresivamente en la población. La inflación superará probablemente diez por ciento en los próximos meses, cercenando el poder adquisitivo.

Y todo apunta a que la población no se resignará fácilmente, sobre todo ante las medidas impopulares adoptadas para obtener la ayuda del Fondo Monetario Internacional (FMI), como la congelación de las jubilaciones y el aumento del precio del gas (importado de la vecina Rusia).

La actividad económica sigue cayendo. El FMI prevé una caída de 5 por ciento del PIB este año y muchos expertos todavía son más pesimistas. “El deterioro continúa”, constata el economista Olexandre Jolud, que no prevé mejoras en lo que queda de este año.

El millonario Poroshenko se ha labrado una reputación de hombre de negocios prudente y buen gestor al frente de su holding (organización económica), cuyas actividades abarcan desde los chocolates hasta la televisión. Pero la tarea se anuncia ardua.

El oligarca, de 48 años, promete acercar a su país a Europa y normalizar la relación con Vladímir Putin, con quien se dio un firme apretón de manos un día antes de ser investido presidente cuando coincidieron en la celebración del aniversario del desembarco de Normandía en Francia.

“La economía seguirá siendo el talón de Aquiles de las autoridades ucranianas”, dice la economista Lilit Georgyan, que estima que hay que arremeter contra “la estructura oligárquica de la economía”.

“Para más ‘inri’, el corazón industrial de Ucrania se encuentra en el este y depende mucho de Rusia”, que representa un cuarto de las exportaciones del país y ve con malos ojos sus ambiciones de acercamiento a la UE, añade.

La cuenca hullera de Donbass, con sus minas de carbón y sus fábricas metalúrgicas, representa 20 por ciento del PIB.

El gobierno estima en 22 millones de euros las entradas fiscales que no ha pagado en mayo la región de Donetsk y se ve obligado a financiar una operación militar lanzada ya hace casi dos meses para sofocar la insurrección pro rusa en el este del país.