Ejercicio del Poder

Valores perenes

Para esta entrega tenía previsto realizar un balance anual de lo sucedido en nuestro país.

Sin embargo, por esta ocasión apelo a la comprensión de mis estimados lectores y dejo esa importante tarea a la capacidad superior de otros colegas míos.

En esta temporada donde asoman añoranzas y ponemos la esperanza por delante, llega a mi memoria aquella frase del autor de El Principito, Saint-Exupéry, quien refirió: "Lo esencial es invisible a los ojos".

Con la humildad del iniciado, para intentar lograr esa visibilidad y que la vida sea como una ecuación precisa entre nuestra persona y nuestro tiempo, es necesario realizar pequeños altos en el camino y establecer una comunicación sin prisa.

Lo refiero como fruto de ayeres y vivencias. Con la impasible serenidad que me ofrece, en el embeleso del atardecer, el río innumerable de los años.

En la búsqueda de hacer propio un instante de lo cardinal y decorar esas páginas en blanco, es preciso que el trazo del espíritu nos permita ir descubriendo nuevos sentimientos que nos abran a lo inefable de la belleza de la vida.

Todo arrebato de tiempo es bello. En el reloj vital, la batalla del hombre es contra el tiempo. El tiempo nos quita lentamente la fantasía: la tritura con las horas, y todo se vuelve un poco más plano, más pequeño. Incluso, el propio horizonte.

No obstante ello, como confirmación de muchas magias, de continuas sincronías, de coincidencias compartidas; sabiendo en soledad que no estamos solos, como referente obligado germina, en esa temporalidad, la eternidad invaluable de la amistad.

Ella, nos da equilibrio y serenidad personal; y como alma eterna, anula el tiempo y el espacio.

En la serpentina feroz de la memoria, para regresar al círculo, para volver y seguir; para que la memoria biográfica no se extinga, para que no seamos huéspedes silenciosos e invisibles, es necesario transmitir la cultura de la vida.

Con los valores perenes, construyamos con ilusión el futuro que siempre hemos querido.

¡Feliz y venturoso Año Nuevo!


Para Emilio, mi nuevo nieto a quien,

Dios lo ha convertido en gran guerrero,

y con quien, juntamente con

mis otros nietos, con amor multiplicado

podré escribir mil "te quiero".