Ejercicio del Poder

Topo Chico, crisis penitenciaria

El motín de Topo Chico, que cobró la vida de al menos 49 internos la noche del pasado miércoles, debe servir de señal de alarma sobre la situación crítica del sistema penitenciario en México.

Este penal, el más antiguo de la entidad, fue inaugurado el 3 de octubre de 1943. Debido a la sobrepoblación, falta de condiciones de seguridad y autogobierno, ha sido uno de los que mayor número de señalamientos ha recibido por ONG's y entidades de derechos humanos.

Desde hace al menos un lustro, Topo Chico, que concentra la mitad de la población penitenciaria del estado, presenta anemias estructurales en entornos clave como su gobernabilidad (con una calificación en 2014 de 4.44 donde, en una escala de 0 a 10, cero refleja las peores condiciones).

De acuerdo con el Diagnóstico Nacional de Supervisión Penitenciaria (DNSP) realizado por la CNDH, la cárcel de Topo Chico constituía un claro foco rojo: el personal de seguridad y custodia era insuficiente (calificación de cero), los internos podían ejercer violencia o control sobre el resto de la población (calificación de cero) y se encontraron sustancias y objetos prohibidos (calificación de 1.63).

En suma, las autoridades no tenían control sobre lo que sucedía al interior del centro ya que la calificación relativa al control de seguridad fue de 2.19.

Lo anterior, ocurre en un alto número de penales del país donde: décadas de políticas fallidas, sobrepoblación, vicios, abusos de poder, intereses oscuros, corrupción, extorsión, impunidad, pobreza y miedo, los ha convertido en auténticas cloacas e infiernos bajo el dominio de mafias.

Informe de la CNDH señala que el actual modelo de sistema penitenciario, mismo que debiera ser un elemento clave para romper los procesos de delincuencia, revela a manera de "microcosmos", la crisis del sistema de justicia en México.

De ahí que el reparto de culpas sobre la responsabilidad de las prisiones mexicanas sea solo asunto de reflectores, guerra de declaraciones, politización de yerros; es decir, una estela más de la eterna disputa del poder.

Afirmamos: si hay un espacio de opacidad y fractura del Estado de Derecho, éste es, nuestro enclave penitenciario.