Ejercicio del Poder

Pase a la inmortalidad

Ante todo, debo referir que no tuve nunca el privilegio de estrechar su mano, no obstante ello, puedo decir que lo conocí al ser un lector asiduo de sus obras.

De principio a fin, a través de su narrativa sugestiva, en donde personajes, tiempo, espacio, intención y originalidad, bien configurados, me fueron dejando huella su pensamiento.

Por amigos, sé que fue un hombre de trato sencillo, de personalidad atrayente, que le gustaba cantar, que gozaba de los boleros, como yo lo hago.

Por su obra, podemos afirmar que no fue un ser humano aburrido ya que permanentemente observó su entorno revisando cada detalle revelador, oyendo lo que no se dice, metiéndose en la piel de los otros.

Atendió lo que alguien contaba. Las sutiles percepciones de su vista, tacto y olfato, pasaron sobre su libreta, pero las más importantes quedaron en su memoria.

Le prestó atención a lo inesperado, a lo que pasa, a lo que no debería haber sucedido y a lo que no es como debería de ser.

Encontró relaciones inesperadas. Atesoró las metáforas. Vio lo universal en lo particular y captó en una anécdota toda una vida.

De igual manera, valoró sus respuestas frente a las cosas que le rodeaban y compartió sus reacciones con sus lectores.

Fue de la inocencia a la arrogancia. Conservó más de lo que supo y sorprendió su inventario de lo archivado.

Para ser un escritor representativo del "realismo latinoamericano", como lo ha referido en su twitt el presidente ENRIQUE PEÑA NIETO; sin duda, la parte más importante de su trabajo fueron las horas que pasó lejos de su escritorio.

Décadas agitadas, sin embargo, ni un día sin una línea y, cada mañana él...

Refirió que él nunca imaginó que podría haberse ganado la vida como escritor. Lo logró porque empujó sus sentimientos hasta inflamar sus pensamientos.

Su escritura la convirtió en arte experimental al cargarla de experiencias inéditas frente a sucesos rutinarios. Entregó sus confesiones más confortantes y sus más íntimos mitos personales.

Al evocarle, como lector, puedo afirmar –irrefutablemente- que por la naturaleza de sus 42 obras, entre novelas, cuentos y crónicas, éstas le han brindado a GABRIEL GARCIA MARQUEZ el pase a la inmortalidad.