Ejercicio del Poder

Partidos, ciudadanía indignada

De cara al proceso electoral del próximo 7 de junio, el presidente ENRIQUE PEÑA NIETO, ofreció –la semana pasada- un mensaje a la Nación. Llamó a los mexicanos a participar, destacando que, este año, más de 83 millones de ciudadanos podremos acudir a las urnas.

En las mismas se elegirán 500 diputados federales, y en 17 entidades, se renovarán 9 gubernaturas, más de seiscientas diputaciones locales y prácticamente mil ayuntamientos.

Apuntó que estas elecciones serán las primeras que se realizan luego de la Reforma Político-Electoral de 2014.

A partir de esta reforma, con nuevas autoridades electorales y reglas más estrictas, estos comicios serán los más fiscalizados y transparentes de nuestra democracia, abundó.

Ahora bien, no obstante la existencia de este contexto, amplios sectores de la ciudadanía mexicana experimentan indignación por la actitud que han asumido los diversos partidos políticos nacionales.

Estos atraviesan por una aguda crisis de credibilidad, ya que ha ido cambiando la relación de estos con los ciudadanos. De acuerdo con una reciente encuesta de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, sólo 4 por ciento de la población mexicana confía en los partidos políticos.

Elemento sustancial de la desconfianza es que los ciudadanos no se sienten representados. Otro factor que ha permeado en el escepticismo es el relativo a las dirigencias, las cuales toman decisiones relativas a sus propios intereses e imponen resultados contrarios a las bases, es decir, no hay procedimientos democráticos. Un ingrediente más, es la corrupción en los directivos.

Encima, los partidos ya no ofrecen a los ciudadanos la certidumbre de su plataforma ideológica ni de sus programas de acción, dado que con el fin único de alcanzar el poder se coaligan con sus contrarios de ideales.

Lo anterior conlleva a que ciudadanos no tengan ninguna garantía que su sufragio legitime calidad en la democracia.

De esta forma, los partidos políticos se han desdibujado a tal grado que los ciudadanos no están básicamente interesados en apoyar a uno u otro porque todos son más o menos iguales, ya que toman, muchas veces, decisiones a espaldas de los intereses del pueblo.