Ejercicio del Poder

Mandela, legado inmortal

El jueves cinco se cerró un capítulo vital insigne. Murió NELSON MANDELA, luchador egregio quien por el brío de su carácter, así como por su alma grande y señera, sintetiza, enriquece y simboliza un periodo clave en la historia de la libertad política del último medio siglo.

Su dolorida biografía nos refiere al hombre que después de resistir 27 años en una siniestra prisión por luchar contra el racismo y defender sus ideales, logró probar que la única opción para su país era terminar con la discriminación en forma pacífica, desterrar la tentación de venganza y adoptar la democracia como forma de gobierno.

En cuanto a la venganza, después de haber sido preso político y primer Presidente negro de su país, jamás optó por el odio. Supo que de hacerlo, jamás Sudáfrica hubiera salido de esa larga etapa de sangre en las calles, y quizá no hubiera podido ser ni siquiera una nación tolerable.

Respecto a la democracia, siendo Presidente en la primera elección libre en su país, fue un gobernante incluyente, nunca buscó reelegirse, perpetuarse; cuando concluyó su periodo prefirió el retiro.

Nunca se consideró ni santo ni profeta, sino un patriota africano no comunista, como declaró a los periodistas en febrero de 1990.

Su historia de inteligencia e intransigencia contra el racismo y la injusticia, lo conllevó desde prisión a ser jefe de Estado, el presidente de un país democrático que aún no existía, donde ningún hombre o mujer tuviera un destino marcado por su origen, lenguaje o color de piel.

Por su autoridad moral al devolverle la libertad a su pueblo sin arrebatar la tranquilidad a sus detractores, se le otorgó el premio Nobel de la Paz, convirtiéndose así, de alguna forma, en padre de su patria.

Por su congruencia, aportación a la cultura de la paz y libertad; a su fortaleza de espíritu y dignidad, fuera de Sudáfrica será recordado como un hombre de reconciliación que simboliza la fuerza de la dignidad humana y su triunfo, mismo que devolvió a la palabra "líder" su justa dimensión.

En sus 95 años, MANDELA vivió de la misma forma en que lo pregonaba en sus discursos y textos: en libertad y para la libertad; por lo que deja un legado inmortal.