Ejercicio del Poder

¿Irrelevante la popularidad?

Días atrás, el destacado intelectual JOSÉ ELÍAS ROMERO APIS, en una charla con el no menos descollado periodista PASCAL BELTRÁN DEL RÍO, respecto a "la importancia que tendría para el presidente ENRIQUE PEÑA NIETO su actual crisis de popularidad", en "conclusión inmediata" juzgaron que, "en la real política, no debiera preocuparle mucho".

Posteriormente, ROMERO APIS, en prestigioso diario plasmó lo siguiente:

"La popularidad sirve para triunfar en contiendas electorales, para lograr votos congresionales y para ganar la gloria histórica. Así que, más allá del placer vanidoso por gozar de números altísimos, la verdad es que no le reportarían ningún beneficio práctico".

"La popularidad no le serviría históricamente porque EPN será juzgado, en el futuro, por los historiadores, no por los encuestadores".

Y, concluye escribiendo: "Los pueblos felices no necesitan políticos. Tan sólo necesitan gerentes".

Al respecto, permítanme los siguientes razonamientos:

Si bien es cierto que la historia no la escriben los encuestadores, también es verdad que los historiadores toman todos los elementos a su alcance para poder relatarla o interpretarla y, en el futuro, las encuestas serán un indiscutible referente.

El diccionario define la popularidad como la "Aceptación y fama que tiene una persona o una cosa entre la mayoría de la gente".

En el campo de la política la aceptación del gobernante es trascendente, ya que se convierte en la legitimación diaria que requiere aquél.

Advierto, no confundir legitimación con legitimidad, esta última se la brinda el orden jurídico establecido al gobernante.

Además, la legitimación está relacionada con la credibilidad. Ambas se configuran como pilares básicos de la gobernabilidad.

La gobernabilidad produce sus propios réditos: la nación sale fortalecida y el gobernante adquiere autoridad moral, otorgándole el anhelado y fehaciente poder político.

Y en la real política, como destacara el ilustre analista político-económico LEO ZUCKERMANN: "...los políticos son como los tiburones: tienen una gran capacidad de oler la sangre a largas distancias de tal suerte que, cuando se acercan al que está desangrándose, lo destruyen sin misericordia. Un político que percibe que su adversario está herido, rápidamente lo aprovecha a su favor. Un Presidente con escaso apoyo popular atrae la atención de la oposición que comienza a pegarle cual piñata".

Luego entonces, ¿es relevante o no, la popularidad?