Ejercicio del Poder

Farc y poder político

Luego de más de 50 años de conflicto armado se firmó, el pasado mes de septiembre, el acuerdo de paz con las Fuerzas Armadas de Revolucionarias de Colombia (FARC).

El Gobierno colombiano y la guerrilla más antigua y sanguinaria de ese país acordaron los últimos puntos pendientes de la agenda política que empezaron a discutir hace cuatro años.

Este pacto de paz con la guerrilla fue remitido por el presidente colombiano JUAN MANUEL SANTOS al Congreso de su país, con el propósito que éste convocara el plebiscito, donde los colombianos ratificaran o no ese arreglo pacifista, el cual se celebró el día de ayer, 2 de octubre.

SANTOS manifestó: "Terminada la negociación y concluido el acuerdo, queda en manos de ustedes –de todos los colombianos– decidir con su voto si apoyan este acuerdo histórico que pone fin a este largo conflicto entre hijos de una misma nación".

El Centro Democrático de ÁLVARO URIBE, el cual lleva el nombre de quien fuera presidente de la República Colombiana entre 2002 y 2010, propugnó por el no.

Dado que la mayoría de partidos políticos y movimientos sociales y empresariales apoyan el acuerdo, así como la abismal diferencia de recursos disponibles, es previsible que el sí acabe imponiéndose con amplitud.

Al momento de escribir esta entrega desconozco el resultado ya que apenas estaría dando inicio el plebiscito.

Sin embargo, podemos señalar que uno de los aspectos más controvertibles de este Acuerdo es que las FARC dejarán de ser grupo armado para tornarse en partido político.

Otro de ellos, son los escaños que se les concederán a las FARC en ambas cámaras legislativas sin que sus representantes tengan que pasar por las urnas.

Uno más, es el inherente a los mandos medios, los cuales exigen se legalicen las tierras que han acumulado, se mantenga su poder territorial en las regiones donde han ejercido influencia y se otorgue vía libre para que participen en política local.

Así también, el reto para el Estado colombiano es que no ocupen otros grupos armados como el ELN, el EPL y el Clan del Golfo las zonas que dejan las FARC, lo que ya está aconteciendo.

Por otra parte, es preciso que el gobierno colombiano no menosprecie el cuantioso poder económico que durante más de 50 años acumularon las FARC, el cual les será ventajoso –sobre cualquier otro contrincante– en la ascensión hacia el poder político.

El negocio del narcotráfico se beneficiará al tener, en breve, a sus aliados en el poder político.