Ejercicio del Poder

EPN, rediseño de estrategia

Nunca antes como ahora, después de un proceso de elecciones intermedias, varios actores políticos se habían manifestado abiertamente para contender en torno a la -todavía lejana- disputa electoral por la Presidencia de la República.

Como si hubiera sido una llamada de arranque, tenemos para el 2018 a MARGARITA ZAVALA, esposa del ex presidente FELIPE CALDERÓN; a MIGUEL ÁNGEL MANCERA, jefe de Gobierno del Distrito Federal y, obviamente, al repetitivo, ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR.

En este sentido, pareciera ser que la figura del "tapado" quedó para la historia. La moda cambió, lo de hoy es el autodestape.

Bajo la vieja usanza, en cada sexenio, los aspirantes a la candidatura presidencial habían de esperar hasta el final a que su partido (PRI) ungiera a uno ellos.

El papel central del proceso, dentro de una serie de reglas no escritas e inviolables, lo tenía el Presidente en turno, responsable de designar a su sucesor.

Ante el "destape" de los adelantados, el presidente PEÑA NIETO, ¿estará dispuesto para que uno, dos, o tres priistas también aparezcan en la escena?

Por ahora, parece que no. El secretario OSORIO CHONG, quien también aspira, alertó a quienes actualmente participan en la administración pública a abstenerse de -"destaparse"- participar en ese tipo de manifestaciones.

Lo anterior, a sabiendas que el poder del mandatario en turno decae en cuanto surge el nombre del investido.

En este contexto, la elección del candidato del PRI a la Presidencia en 2018 ¿será resultado de un destape clásico, como los que se dieron entre 1939 y 1981 y en 1993?

¿O será, más bien, producto de un proceso más visible, como la pasarela de aspirantes de 1987 o el concilio interno de 1999?

Decisión crespa por múltiples circunstancias. En los últimos dos años del sexenio la batalla será despiadada.

Un largo etcétera de políticos comenzarán a colocarse en las posiciones más favorables para lanzarse en el momento propicio.

Otra, los candidatos harán precampaña a costa de los fallos reales o ficticios del Presidente y su equipo.

Lo que vaya a definir ENRIQUE PEÑA NIETO con su Gobierno tendrá que hacerlo en los próximos meses, después de eso, "presidente" se escribe con minúsculas.