Ejercicio del Poder

Colombia, “#SíALaPaz”

"Rumbo a La Habana a silenciar para siempre los fusiles. #SíALaPaz". Con esta frase, el presidente de Colombia, JUAN MANUEL SANTOS, viajó a la capital cubana para firmar ahí –junto con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)- el pasado jueves 23, el pacto del cese al fuego bilateral por más de medio siglo.

El acuerdo contempla el fin de los combates entre uno y otro, la entrega de armas, garantías de seguridad para los desarmados y la forma de refrendación de los acuerdos de paz.

Sobre el cese al fuego bilateral, ambas partes convinieron elaborar una hoja de ruta que contenga los compromisos mutuos para que en un plazo máximo de 180 días –a partir del convenio inicial de paz- termine el proceso de dimisión de armas.

De esta forma se sella el firme anhelo que la concordia con grupos paramilitares sea punto de distensión para la sociedad y la política del país latinoamericano.

Este acuerdo de paz es el cruce histórico de dos intereses.

Uno, el propio logro del Estado colombiano de tener presencia y llevar el progreso a la Colombia rural, profunda y violenta. El otro, mismo fruto de las FARC, consistente en dejar las armas y pasar a la lucha política, después de medio siglo de reyerta armada.

Este conflicto ha sido el enfrentamiento armado más longevo de América Latina, mismo que llega a su fin con un saldo de seis millones de desplazados, más de 200 mil muertos y 45 mil desaparecidos.

Con el convenio de paz una nueva era para esa nación está en marcha, pero los retos para que el país sudamericano siga avanzando son enormes. Comienza la tarea de reducir la profunda asimetría entre la Colombia sofisticada y la Colombia precaria.

El primer gran desafío para el gobierno colombiano será la inclusión política. El otro, vincular al Ejército de Liberación Nacional y, posteriormente, pacificar los lugares donde la insurgencia, el paramilitarismo y la criminalidad se convirtieron, por ausencia del Estado, en tareas bastante reconocidas, admiradas y remuneradas.

Este paradigma colombiano queda como ejemplo para el mundo que cuando hay diálogo y acuerdos, la concordia y la paz, sin duda, se pueden alcanzar.

El mito que esto no era posible ha muerto.