Ejercicio del Poder

ALM, dignidad

Existen seres humanos que inspiran a los demás, quizá más por lo que hacen que por lo que dicen, aunque la combinación de ambas esencias es lo que les convierten en prototipos.

Decía el historiador británico y crítico social, THOMAS CARLYLE, que lo que importa en los paladines no son sus errores, ni sus flaquezas, sino la idea que defienden, la bandera que empuñan, el ideal superior al que dedican sus esfuerzos.

A causa de este raciocinio, de la inmensa recámara de la memoria, del cajón propio de los recuerdos, traemos al escenario de la historia contemporánea el CV aniversario del natalicio del expresidente de México, ADOLFO LOPEZ MATEOS.

Mexiquense de origen, el 26 de mayo de 1910, surge a la vida con la Revolución. Desde su juventud se inspira en los principios de ella y, como gobernante, preside una etapa decisiva en la consolidación de sus instituciones.

Quien fuera el 53º presidente de México de 1958 a 1964, tocó ser heredero de un gran linaje liberal, de ideólogos de la Reforma, IGNACIO RAMÍREZ, El Nigromante; de JOSÉ MARÍA SÁNCHEZ-ROMÁN, de JESÚS GONZÁLEZ ORTEGA y del padre moral de los periodistas, FRANCISCO ZARCO MATEOS, primo del poeta zacatecano RAMÓN LÓPEZ VELARDE.

Por el brío de su alma grande y señera, al recordar sus aportaciones a la educación, a los derechos de los trabajadores y al prestigio de México ante las naciones del mundo, honramos su memoria.

Los anhelos del pueblo, a través de su voz y convicción, fueron argumento de vida, por lo que ocupa un espacio de honor dentro de los hombres egregios de nuestra nación.

Político del porvenir, gobernó consumando el compromiso de entregar cabalmente su vida a México.

LOPEZ MATEOS, ejemplar humanista, por la dignidad con que transitó por el camino de la vida, filtrándose por los poros de la patria, marcó su impronta en el molde inacabado que somos.

Su memoria es convocatoria a la unidad, a la grandeza nacional, prosperidad y justicia. Convocatoria a la honestidad en la palabra empeñada, honestidad en la conducta y honestidad en la conciencia vigilante de la soberanía de México.

Su legado, como labriego de eternidad, es parte de los valores que deben describir a nuestra cultura política.