DEL VERBO SER

La esposa de Pancho

Ocupé buena cantidad de tiempo en leer reseñas de películas de Pedro Infante y de Sara García porque estoy seguro que en alguna de ellas aparecía la escena de donde seguramente se  acuñó la frase de “mi Pancho ya no me quiere porque ya no me pega”; no la encontré pero estoy seguro que obra la evidencia en el acervo cinematográfico nacional.

Ciertamente buscaba la escena del tradicional drama nacional de muchas mujeres mexicanas sometidas y ultrajadas que el momento en que una alma caritativa, un tercer involucrado, sensibilizado y agraviado por la injusticia y maltrato del marido a su mujer, sale a la defensa en contra de su agresor con la sorpresa de que la afectada comienza a golpear a su defensor porque en el fondo de su corazoncito, tiene en claro que el cariño de su esposo está manifestado en el maltrato que le propina.

Quisiera pensar que no, pero la escena puede seguir estando presente y lamentablemente vigente en la sociedad mexicana a todos los niveles socio económicos y socio culturales. Más  alarmante es que este fenómeno se haga presente en los círculos empresariales y políticos en donde pudiéramos esperar encontrar consciencias evolucionadas respecto al derecho individual, al sentido común y a la idea de sana y armónica manera de vivir;… ¿y a que me refiero?

Me refiero a que he leído en medios, el desfile y pompa con la que empresarios y personajes distinguidos de nuestra sociedad han recibido a los precandidatos  del tricolor en diferentes áreas metropolitanas de los 8 distritos federales de nuestro estado.

Leo con sorpresa que muchos de ellos, su familias o cercanos, han sido víctimas de la situación que ha prevalecido de inseguridad, secuestro y delincuencia organizada en nuestro Tamaulipas en la última década.  A los que mejor les ha ido, han tenido que gastar una fortuna en crear doble residencia, costosísimos aparatos de seguridad personal y grave deterioro en la rentabilidad de sus negocios sin contar que el valor de sus activos patrimoniales ha tendido una baja significativa en términos generales.

Es de llamar la atención ver a representantes de la cúpula empresarial rindiendo culto a la personalidad de políticos que representan más de lo mismo de lo que el partido en el gobierno ha creado desde entonces y que pareciera no tener fin porque en todo este tiempo se ha invertido una cantidad exorbitante de dinero (mucho más de 12 mil millones de pesos) y los resultados que en apariencia mejoran, en realidad sigue estando fuera de control.

Este selecto grupo se enorgullece de ser parte importante de su fuente de financiamiento  y de promoción sorprendentemente para que las cosas sigan igual; pero paradójicamente, luego se les escucha en charlas de café llorar amargamente por la zozobra, la dificultad para mantener los números negros en los negocios y la falta de inversión para el desarrollo regional.

Lejos de comunicar un mensaje de hartazgo, pareciera (a juzgar por sus aplausos y expresiones de júbilo en las fotografías de los eventos) que están contentos con el maltrato que han propinado a sus fuentes generadoras de empleos, a sus utilidades y a su patrimonio;  realmente resulta difícil  justificar el proceder tan servil ante una falta total de empatía,  tacto y reciprocidad del gobierno por su lealtad y servicio;a lo que han tenido que soportar para mantener su presencia empresarial en la zona.

Ocupa hacer un ejercicio de auto confrontación para explorar si se está actuando bajo las razones correctas; si realmente están alineados a una causa política del partido que apoyan (que en base a resultados no busca el bien general del ciudadano Tamaulipeco) o simplemente buscan la posibilidad de seguir “cobijados” o “blindados” tanto para los beneficios en términos de contratos y/o para cualquier eventualidad en la que tengan que pedir el “favor” de ser considerados VIP para una respuesta eficiente ante la posibilidad de que los efectos de la violencia e inseguridad alcance su círculo de influencia.

Ocupa preguntarse si somos parte de Tamaulipas o solo estamos usufructuando los beneficios que conlleva el apoyar la causa que ha mantenido casi 90 años en el poder al gobierno que hoy tiene boca abajo a nuestra sociedad, nuestras fuentes de trabajo y nuestras aspiraciones de vivir en armonía y paz social.

Me cuesta trabajo creer que el precio que se paga por las prerrogativas (que en cualquier momento desaparecen cuando deja de estar el “bueno” en el puesto) que se adquieren justifique el mal juicio de sus conciencias; que su proceder y su lealtad al sistema responsable de la presencia del narcotráfico y delincuencia organizada, se mantenga alineado con el deseo de seguir siendo parte y por tanto responsable también, de que las cosas estén como están en nuestras ciudades y nuestro estado.

Al no poder entender cómo es que soportan esto, pienso que lo que pueda estar ocurriendo es que se encuentren en una caja sin salida y congelados de pánico de pensar en levantar la voz, de expresar la voz de sus conciencia y de exigir como benefactores un golpe de timón certero, honesto y comprometido de limpiar el chiquero que han creado; seguramente temen por su seguridad al rebelarse;…de no ser así, pienso que no quedaría otra explicación más que igual que la esposa de Pancho;….el cariño está en el maltrato.  Quiero que esto cambie; pienso que la mayoría de los Tamaulipecos  también…