DEL VERBO SER

Tener lo que tienes

María Elena mi esposa y yo hemos tenido la oportunidad de poder compartir una semana con nuestro hijo Gerardo Villaseñor Jr., que vive y trabaja en Sayulita, Nayarit; para ello ocupa llegar primero a Puerto Vallarta y de allí en aproximadamente de 20 a 30 minutos en auto.  

Sayulita es un pueblo de alrededor de 4,500 habitantes enclavado en la parte media de la Rivera Nayarita que se extiende hasta el heroico puerto de San Blas.  Distinguido por sus preciadas olas para amantes del Surf de todos los niveles de habilidad; igual se ven principiantes que profesionales; niños con gran potencial hambrientos de dominar la tabla y calcular las mareas, que cincuentones con sobrepeso obsesionados con palomear la lista de experiencias de vida.

Rentamos un auto que nos permitió recorrer desde Vallarta hasta San Blas y además de conocer las playas más reconocidas pudimos experimentar infraestructura carretera de muy buen estado de mantenimiento y sobretodo la extraordinaria escenografía de una vegetación exuberante tanto en zona serrana como en planicie que hizo que el tiempo de manejo se hiciera un suspiro. 

Estuvimos en temporada baja (período de ausencia de olas que ocurre de Junio a Septiembre) y eso nos permitió tener una tranquila estancia y disfrutar más a nuestro hijo que seguramente en temporada alta no hubiéramos tenido esa oportunidad.

El sistema de alojamiento está basado en hotel boutique, bungalows, hostales y casas privadas de vocación hotelera.  Pienso que la limitada oferta de servicios de infraestructura ha detenido la presencia de inversión de grandes corporativos turísticos; por otro lado crecimiento y desarrollo de Punta Mita, Litibu y muchos otroslugares en que se está invirtiendo pudiera ser lo que le permita a Sayulita conservarse en su estado natural y su esencia, porque es de esto precisamente de lo que quiero compartir con Usted.

Hemos tenido la oportunidad de observar cómo se desenvuelve la vida de los que de aquí son; como interactúa un bebe con la total libertad de hacer lo que su instinto lo guíe sin necesidad de tener una correa a su cuello en donde le digan que sí y que no; como experimentan el ser sin ataduras.  

Como un infante entre los 6 y 12 años llega con su tabla al hombro con un niño urbano su patineta y como no hay ojos maternales al cuidado de las olas y las rocas en los bajos.

Para adolescentes y adultos, reconocer la temporada baja los pone en un modo de Aceptar todo, Esperar nada, de tal suerte que están receptivos a lo que venga sin estrés, con actitud neutra y siempre con una sonrisa de Ser y Estar.

Esto parece estar totalmente en contra de lo que “La Corriente” dicta y propone como una forma de vivir “adecuada y correcta”.  

Desde que fuimos lanzados a este mundo hemos sido en la mayoría de las veces,  aleccionados por la sociedad, las costumbres, la cultura y en general las creencias que se han insertado desde siempre en actuar sin gobierno autónomo, sino regido por lo que “está bien o no” según los convencionalismos sociales.

La vida aquí, toma una forma de ser natural y con natural me refiero la opción que tenemos los seres humanos de reconocer lo que tenemos y aceptarlo sin resistirlo.  Rendirte a lo que estás viviendo porque la mayoría, casi siempre, no podemos elegir lo que vivimos, por lo que la posibilidad es rendirte y confiar en el proceso…..en el proceso de vivir.

Le pido no mal interprete esta idea; pienso y estoy alineado siempre con la libertad que tiene el Ser humano en declarar y elegir por su futuro, tan imposible como este parezca, sin embargo iniciar el proceso de crearlo ocupa el reconocer desde donde partes y en eso estriba el reconocimiento de tener lo que tienes.  

La abundancia entendida como el perfecto balance entre la cobertura de necesidades (materiales, espirituales, afectivas, etc) está directamente asociada a la distinción Ser-Hacer-Tener que a su vez incluye la rendición a reconocer lo que tenemos.

Experimentar compartir la experiencia de vivir este tipo de vidas simples, nos ha permitido tener una enriquecedora vacación en la que hemos tenido oportunidad de aprender de ellos para incorporarlo a nuestras vidas y compartirlo con quienes están alineados a la idea de que la vida para vivirla, invita inicialmente a soltar apegos y paradigmas y estar abierto a posibilidades que pudieran lucir como “fuera de lugar” respecto a cómo actúan los demás.

Sayulita, Nayarit; pueblo que me inspira a pensar que forma de ser podemos SER los Tampiqueños, Altamirenses, Maderences y Tamaulipecos en general para  crear posibilidades en nuestras costas; crear sociedades, economías, escenarios, formas de vida que muevan a nuestro Estado y a quienes vivimos en él a crear el futuro extraordinario que queremos.  

La invitación es a abrazar lo que tienes y desde allí descubrir la libertad de elegir y de crear posibilidades.