DEL VERBO SER

Líder sin cargo, visión sin líderes


En enero de 1989, tuvimos la oportunidad de reunirnos cinco parejas compañeros de la universidad, todos generación  ‘81 u ‘82, todos casados y algunos ya con hijos que por primera vez los dejábamos encargados con sus abuelos.  Todo esto para realizar un singular viaje para pasar unos días y año nuevo en cabañas de tronco, inmersas en un denso bosque en las faldas de los cerros de la zona serrana de Coahuila.Ha sido una de las escenas más apacibles e inspiradoras que guardo con una fuerte presencia en mi memoria; guardianes de madera de más de 20 metros de altura conteniendo una buena cantidad de la nieve que estaría en el piso de no ser por ellos; calefacción con chimenea y una atmósfera tan incluyente del sentido de pertenencia como ser humano, que cualquiera, aún sin vocación o preferencia religiosa sentiría y reconocería la presencia de un ser supremo creador de tanta belleza; belleza lo suficiente para que valiera la pena el llegar a pagar con gusto el estado de cuenta de la tarjeta de crédito de los gastos ejercidos en la vacación.Pues bien; esta cuesta de Enero fue escabrosa y difícil, muy distinta a la de muchas y tan acostumbradas a la entrada de un nuevo sexenio.

A siete años de la nacionalización de la banca defendida como “un perro” por López Portillo y la peor crisis económica en 1987 con de la Madrid, con devaluaciones diarias cerca del 100%, la zona sur de Tamaulipas hacia lo suyo para mantener el equilibrio; cuando para iniciar su mandato, Carlos Salinas de Gortari crea un operativo y detienen el día 10 a Joaquín Hernández Galicia en una manera corrupta y fuera de integridad en términos de legalidad y derechos humanos.  La detención de “La Quina” vino a propinar una profunda herida  que produjo una depresión económica que le costó años recuperarse a toda esta zona.  Al margen y sin juicio de la necesidad de la estrategia nacional para remover a líder petrolero, la causa “nacional” repercutió en toda el área conurbada del norte de Veracruz y sur de Tamaulipas sin haber sido considerado el efecto de las economías de quienes aquí vivíamos.  

El fin justificó los medios y los daños colaterales; y todas las conciencias involucradas que lo crearon quedaron tranquilas.A la edad de 91 años muere Joaquín Hernández Galicia, trabajador de Pemex desde los 18 y a los 36 elegido secretario del Trabajo del Sindicato Petrolero en 1958.  Sin juicio de la forma y fondo, fue líder nato, enrolador, con una visión clara y comprometida para el futuro de la comunidad petrolera.  Inspirador del trabajo colectivo y de participación social; procurador del autoconsumo y de la cultura de producir alimento de granjas comunitarias como el ejercicio de una relación hombre-naturaleza.  Sin duda, líder sin cargo, sencillo, amable, sin pérdida de piso, falto de etiqueta, pero fino en su trato, personaje estoico y controversial que deja  huella de su capacidad de compromiso a sus ideales;  querido por la gente, temido por las instituciones (salvo cuando formaba parte de su estructura); hoy, la muerte, la última de sus posibilidades lo aborda y nada se lleva.    

Esta zona conurbada requiere de líderes; mujeres y hombres con visiones creadas a partir del futuro operando desde nuestro presente y que al margen de nuestras circunstancias, sea la urgencia, pasión y compromiso lo que mueva las voluntades de ser lo que tengamos que ser para hacer que las cosas sucedan.Entre 1986 y hasta diciembre de 1988 (se imaginará usted porqué) mi socio y yo haciendo pininos en la Comisión de Contratos del Sindicato, se nos asignaban algunas chambas de albañilería dentro de la refinería y como parte de nuestras acciones para estar en la jugada, apoyábamos atendiendo en lo que se pudiera ofrecer en reunión mensual de carne asada en casa de un Ingeniero que preparaba y guisaba unos cortes de Ribeye espectaculares, en donde invariablemente asistía Don Joaquín, fuimos callados testigos de que allí rompía su vocación vegetariana ante el marmoleo de los cortes, era difícil hacerlo.  Descanse en paz.