DEL VERBO SER

David y Goliat

Goliat  fue un soldado gigante del ejército Filisteo que durante 40 días asedió al ejército de Israel; siendo extraordinariamente alto, fuerte y hasta el momento invencible, el gigantesco guerrero desafiaba al pueblo de Israel para que presentara a un hombre que luchase contra él en combate cuerpo a cuerpo y el resultado de ello determinaría qué ejército llegaría a ser siervo del otro. Fue un pastorcillo de nombre David lleno del espíritu de Dios, que le dio la fortaleza, talento, valentía y determinación de hacer frente al reto.

Tomó una piedra y con su honda y a una distancia prudente pero efectiva de impacto la estrelló hundiéndola en el centro de la frente de Goliat, quien sin oportunidad para sorprenderse, simplemente cayó en la tierra con el suficiente efecto para que le permitiera a David posarse sobre él y con su propia espada, terminar con gigante ante los ojos atónitos de los soldados Filisteos. La valentía, determinación y espíritu de libertad envolvió al ejército Israelí para derrotar y acabar con el ejército enemigo.

En nuestros días figuras como las de Goliat están presentes en nuestras vidas; un gobierno de tamaño colosal, desalineado de crear el bien colectivo, perverso creando caos con ejércitos de impunidad y corrupción; una delincuencia organizada apropiándose de nuestros espacios, de nuestro patrimonio, de nuestros trabajos, de nuestra libertad.

Creo y vivo en la conversación de que existimos un ejército de “Davides” que independientemente de la fe que profesemos, estamos claros que hemos llegado al punto de tomar el reto con valentía y determinación para hacer que las cosas cambien radicalmente en el sentido de una sociedad consciente de su realidad y comprometida a crear lo que se requiere para tener la ciudad, estado y país que deseamos tener.

Nuestras armas son nuestro genuino deseo de regresar a nuestros hijos lo que nuestros padres nos entregaron, un lugar propio para desarrollar una vida con paz y armonía; es la aceptación que hemos sido co-responsables del estado de nuestra ciudad; es el compromiso a dejar un legado o nuestra vida en el intento, pero ser fuentes del despertar conciencias tampiqueñas y tamaulipecas. Esta arma se llama democracia bajo la plataforma de libertad y autodeterminación; alternancia como posibilidad disponible para crear consciencias ciudadanas ejemplares en espacios de paz y armonía. 

Mantener viva y presente la obligación como mexicanos de votar pese a lo que pase; a abolir la desidia y la apatía, a estar claros que el no votar o anular el voto no es castigo para nadie, es un obsequio al adversario Goliat para quitarnos del camino y triunfar solo con su voto cautivo y manipulado de seres en su mayoría sin educación provocada y cultivada por el mismo sistema.

Ser ciudadano es un reto; un reto que podemos convertir en práctica y hacer de él un hábito que se convierta en cultura nacional; que inspire a otras comunidades de nuestro estado y de nuestro país; es el reto a SER la diferencia y contribuir con nuestra nación y el mundo. Somos la posibilidad real, la misma que David vio más allá del tamaño y el poder del grandulón.