VENTANA ABIERTA

Así tratamos a los animales

No me cabe la menor duda de que pertenecemos a un pueblo incontrolado y cruel, que se desquita de sus desgracias con quienes están más próximos a él y a su servicio.
Un pueblo inculto, intolerante, que desprecia a vegetales y animales improductivos, despectivo de lo bello y de cuanto pueda pulir su vida, ya de por si vacía y falta de afecto.
Los niños aquí le parten a trozos las colas a las lagartijas y ardillas, le tiran  piedras con la resortera a los chanates, tortolitas y cuanto animalito se cruza por su camino. Cazan mariposas para quitarles las alas, despanzurran libélulas y apachurran insectos. Traemos un largo entrenamiento en apedrear gatos y perros, en apalear burros, mulas y caballos. Podemos testificar cotidianamente esta crueldad.
La “fiesta” brava, herencia de otro pueblo inhumano y atroz con los animales, el español, ha servido para exhibir parte de lo que comento. Al toro, el animal totémico, se le tortura en las corridas hasta el límite de sus fuerzas, desde el banderillero que le clava los aguijones de acero, pasando por el rejoneador que a base de puyazos castiga a la bestia hasta hacerla sangrar y ceder ante semejante persecución y suplicio; y para terminar con el espeluznante espectáculo salvaje, si el animal tiene suerte, el matador le atraviesa con una espada su maltratado cuerpo. Es la cultura de la violencia. Ni caso tiene comentar las peleas de gallos, de perros y de “humanos”.
La violencia eleva el nivel de audiencia en los medios, da dinero. La ética en este sentido es relegada a letra impresa en algún libro de texto de los viejos planes educativos de mi adolescencia, cuando las disciplinas filosóficas eran parte de las herramientas que una escuela aportaba a sus alumnos.
Hace días, presencié como el chofer de un coche no hizo nada por esquivar o frenar su automóvil para evitar atropellar a un perrito que no sabía cruzar la calle y al que le separó la cabeza  de un fregadazo dejándolo  con convulsiones y  moribundo en el boulevard Laguna.
Y después, nos burlamos de Lucero…


lonxedaterra@hotmail.com