VENTANA ABIERTA

Yo no fui, fue teté…

Temo a los habladores malsanos; a los tontos, que “discuten” sin ton ni son tal vez por miedo a oír, en el silencio, el vacío retumbar de sus cerebros; pero sobre todo, temo a los ególatras, a los tipos arrogantes, altaneros, orgullosos, pagados de sí mismos que creen tener la mejor o tal vez la única y última palabra digna de pronunciarse.

Estos charlatanes son la esencia misma del despotismo, porque desdeñan la opinión del otro. Porque creen que la humanidad entera está en deuda con ellos y que todos hemos de entregarles nuestra atención y sobre todo, nuestro tiempo, que es, efímeros como somos, nuestro mayor tesoro.

Hablo de esos ejemplos fastidiosos y molestos que te agarran del hombro en una fiesta, mientras te hablan, para que no te vayas; o que te llaman por teléfono en el momento más inoportuno y con tanta continuidad que no hay manera de encontrar un espacio aparte para colgarle el celular.

Una sola idea puede infectar al mundo: La idea de que la culpa pertenece a otros, (“Yo no fui, fue teté…”) la idea de que nuestro miedo, nuestro fracaso o nuestra desgracia han sido tramados por enemigos ajenos a nosotros y a la vez deslealmente infiltrados en nuestra cercanía, la idea de que se puede dividir a los seres humanos en puros e impuros, en inocentes y culpables, en nosotros y ellos.

A cualquiera, en cualquier parte, le puede alcanzar ahora mismo un sino de marginación y destierro, cientos de miles de seres humanos que viven y mueren en un perpetuo estado de diáspora.

Pero el veneno, para extenderse, no necesita camisas amarillas, verdes, rojas o azules para desarrollarse. Aquí mismo, entre nosotros, los líderes de la democracia fulera han comenzado su tarea.

Sin que nos demos cuenta alguien ha empezado a ver en nuestra cara los estigmas de una ideología contraria, una falta de respeto al que difiere, al que no piensa de manera semejante…Una idea, una sola idea, puede ser más destructora que el virus más letal.

lonxedaterra@hotmail.com