VENTANA ABIERTA

El temor como consentimiento colectivo

Si se quiere detener una auténtica escalada de agresiones a las libertades fundamentales que pueden terminar por transformar la vida social en un estado de hostilidades y que convierten la ficción antropológica del temor como fundamento normativo en una asfixiante realidad  que nos envuelve y nos cerca diariamente, hay  temas a discutir: Dilucidar que conceptos y doctrinas permiten determinar el perfil de un enemigo, supuesto o real, exterior o interior, que en teoría justifique el incremento tecnopolítico de dispositivos de seguridad en la vida cotidiana y  describir cómo y con qué aprobación ciudadana e institucional se hace aceptable este universo social de sospecha, tributario de su origen estratega y en el que se refuerzan unos inquietantes y no siempre  evidentes vínculos entre la iniciativa privada, el Estado y cuerpos de seguridad.La necesidad de la reivindicación de una conciencia ciudadana históricamente desinformada, requiere un ejercicio de lectura que trate de una revisión conjunta que abarque, de modo progresivo e imparable a  todos aquellos textos que tratan sobre la expansión del capitalismo, sin olvidar a los de la  ideología de la seguridad, porque ésta última está destinada a fortalecer y a la vez flexibilizar el control de la población, un juego de contención  y subjetivización indispensable para la nueva fase de acumulación de capital sustentadas en el miedo y donde se hace posible una forma arbitraria de concebir el poder, capaz de saltar las garantías constitucionales para implantarse así misma como fuente de normatividad y legalidad. Una sociedad débil, ignorante, en la que el vínculo social está roto y la acción política se reduce al silencio y al consentimiento, es el requisito necesario para poder efectuar, sin oposiciones internas, políticas que excluyan estructuralmente a una parte de la población, eliminando así cualquier obstáculo al ansia arrolladora de acumulación de los grandes entramados financieros e industriales. Así se empieza a entrelazar la relación entre pobreza, exclusión social y temor, que traen como consecuencia sociedades despolitizadas, ignorantes y temerosas. Esta falta de control sobre los supuestos procedimientos de seguridad es el resultado de un consentimiento colectivo. 


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