VENTANA ABIERTA

La promoción cultural

Radical: ésa es una palabra que me gusta, un término que creo que sigue intacto y que puede definir cierta manera de comportarse frente a los abusos. Radical, en el sentido estricto de ir a las raíces de las cosas, de intentar observar la estructura del mundo.

De esa radicalidad hay que decidir y tomar partido, “partido hasta mancharse” como dice Gabriel Celaya; porque siguen existiendo bandos, y si no te decides, ya se sabe, otros decidirán por ti.Desde esa radicalidad, en fin, quedan muchas batallas todavía por librar, sobre todo en lo que a proyectos de cultura se refiere y que están relacionados con la promoción de la creación. La crítica, “necesaria como el pan de cada día”, suele interpretarse como traición y la ética como estupidez.

Es  importante reconocer que la lucha por el derecho inalienable a la cultura hoy pudiera resultar antigua y otra el creer  que ya todo está ganado. Al contrario: continúan existiendo los requerimientos. No todas las actitudes promotoriales son iguales en cuanto a  su impacto en  la sociedad en donde se generan.

La  libertad de creación tiene un valor significativo e importante, ya que quienes la ejercen honestamente y con sinceridad, la emplean como una necesidad de  compartir, de comunicar. Existen promotores culturales sinceros y también los  mercenarios simuladores.

La garantía de la libertad creativa, en la actualidad, pudiera ser utilizada para denunciar los abusos del poder, las injusticias, la alegría de vivir, el mal uso de la información por parte de los medios, o simplemente, para expresar un malestar social.

El mapa de la promoción cultural, ya no está sujeto a planillas ideológicas. Un promotor honesto de toda la vida puede comportarse, por dinero o  por poder,  como un mitómano indecente y reaccionario, mientras que un promotor pequeño burgués honesto,  puede impulsar actividades progresistas. Mantener potable el derecho a la libertad en la creación, particularmente en el ámbito cultural, es un proceso complicado e incierto,  mucho más serio de lo que  pudiese uno  imaginar, pero también más honesto y saludable.  Lo contrario es obstaculizar el bien común. 


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