VENTANA ABIERTA

Sin obstáculos, no hay avance

Siempre me ha intrigado no el resentimiento del que no tiene nada, sino el rencor tremendo del que lo tiene todo y, no obstante, cree que le falta algo, una molécula mínima en la unidad de su triunfo. Pudiera  ser el caso de algunas personas, que en el proceso fundamental de transformación interior por el cual se rompen grilletes del “yo inferior” atado a sus propios intereses y a la percepción que tiene de sí mismo, no se descubra.

Este proceso individual de  auto transformación, es la clave para desencadenar causas individuales que dan por resultado el cambio de una comunidad o de una nación. Asumir la responsabilidad por la transformación de nuestra propia vida es el primer paso hacia la creación de una sociedad humana que tiene como base la comprensión y el respeto por la dignidad de la vida de todos los seres vivos. Sin embargo este cambio solamente se dará cuando los individuos descubran la entidad del verdadero yo  dentro de la profundidad de sus vidas. Manifestar esto, llenará de nueva fuerza vital y sabiduría  a las personas permitiendo manejar con éxito cualquier situación. 

Una revolución como tal es un movimiento doloroso, dramático, y duro a su paso.

Desapareciendo hasta vidas humanas, destruyendo propiedades y la infraestructura de una sociedad. Teniendo como premisa lo anteriormente expuesto, una revolución personal humanista, es un cambio psicológico extremo, es una erupción volcánica de pasiones y emociones en nuestra manera de percibir el mundo que nos rodea.  Una revolución requiere sacrificio, requiere trabajo, requiere una total entrega de los más sublimes ideales, a una causa común, generando con ello, beneficios en nuestras vidas. Al cambiar nosotros, debido a una profunda rebelión interna, cambian a su vez nuestras relaciones, cambia el mundo que nos rodea, cambian nuestros destinos. 

Se dice que cuando uno avanza en la vida enfrenta “obstáculos”; eso es un proceso natural. También se dice, según el Budismo, que cuando no hay trabas, no hay avance, de ahí se entiende, que hay que sentir agradecimiento cuando surgen las dificultades; que no es lo mismo que sufrir para merecer.


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