VENTANA ABIERTA

La invisibilidad de los pobres

La consideración política de la pobreza depende mucho de procesos de visibilidad e invisibilidad, de aparición y desaparición, tanto en el espacio político como en el espacio público. La pobreza hace invisibles a las personas que la padecen  privándolas de su condición de actores sociales, forzadas a un anonimato paciente que engrosa las cifras oficiales de necesitados.A escala cotidiana, la pobreza los somete a un juego perverso, en cada escenario local   de “visualización/invisibilidad”: se les ve, pero no se les mira, no vaya a ser que como en el abismo de Nietzsche, nos devuelvan la mirada, Su presencia es fácilmente localizable a la hora de  detenernos en un crucero cuando el semáforo está en rojo, pero a la vez se  hacen  invisibles  cada vez que ignoramos su presencia. Quienes padecen esta situación, los pobres de la ciudad, son personas en constante tránsito, que se desplazan  por rutas marcadas por la necesidad, recorriendo el espacio urbano a lo largo de cruceros e itinerarios en los que efectúan paradas estratégicas ya sea limpiando vidrios de los coches, tragando fuego, haciendo acrobacias o disfrazados de payasitos para conseguir recursos que les permita, salvar el día para conseguir el alimento. Resumiendo: gentes no visibles, transparentes, a través de las cuales se recorre y se ve la ciudad, porque las miradas las atraviesan como si se tratasen de seres de cristal, traslúcidos.En los espacios públicos de la ciudad, donde cada vez vemos circular más pobres, coexiste así la proximidad física con el abismo social entre personas, de manera que el régimen de la mirada y la visibilidad,  se manifiesta como lo que realmente es: u régimen político. Y las consecuencias de este malestar social, a largo plazo, son imprevisibles.El nuevo paria social, excluido y marginado, que se afana por sobrevivir en las fronteras interiores  e intersticios de la ciudadanía, en los lugares separados de la ciudad, sufre también una progresiva pérdida del mundo, una lenta ( o súbita) muerte social.Las dinámicas del capitalismo de consumo neoliberal secuestran paulatinamente los derechos humanos de las democracias liberales. 


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