VENTANA ABIERTA

“Con un ocho la hago…” (I)

Se estima que un importante porcentaje de la población en México padece el denominado Síndrome de dependencia alcohólica, y que otro porcentaje más pequeño, son bebedores habituales que viven en situación de  riesgo.

La detección de la enfermedad no es fácil de descubrirla al principio, porque nadie quiere aceptar  que tiene problemas con el alcohol sino hasta que aparecen los fenómenos de malestar, hastío o sufren problemas sociales.

El alcoholismo genera importantes complicaciones médicas, (más del 50% de las cirrosis hepáticas son por alcohol; un alto ingreso de pacientes en los hospitales psiquiátricos se debe al alcoholismo). Lo mismo sucede con los accidentes de tránsito, accidentes laborales, el ausentismo en el trabajo, todo ello, con un elevado costo social y económico.

Hay dos factores importantes en la aparición del alcoholismo: los psíquicos y los socioculturales. En los primeros hay que saber que el consumo habitual de alcohol actúa como depresor del sistema nervioso central y que su ingesta guarda relación con el nivel de alcohol en sangre, (alcoholemia), que  su acción produce al principio un efecto desinhibidor  y calmante, alivia la ansiedad y la sensación de malestar, (disforia) y disminuye notablemente el control de los impulsos y de la violencia, (“tiene mala copa” ). Po eso en situaciones personales de inestabilidad emocional, insatisfacción, sensación de fracaso, inseguridad en sí mismo, retraimiento social, ansiedad, etc. determinan habitualmente un uso indebido de bebidas alcohólicas.

En cuanto a los factores socioculturales, en muchos países se da una actitud que favorece y promueve el consumo de bebidas alcohólicas, que  junto con los medios de comunicación, potencian el fomento reiterativo hacia su consumo.

La mayoría de los alcohólicos pasaron por un período de cinco o más años con el estatus de “bebedores sociales”  controlados antes de que el alcohol fuera para ellos un problema serio. Es el período en que un bebedor le asigna al alcohol un efecto agradable, no le inquieta la tomadera, ni tampoco interfiere en su vida social o profesional. “Co un ocho la hago, con un ocho la hago”, porque con el six, ya no es suficiente. (continuará). 


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