VENTANA ABIERTA

La gran encrucijada

Hoy más que nunca, y precisamente como compensación a la velocidad de los tiempos, necesitamos apelar al silencio, a la intimidad, a la concentración, a la imprescindible construcción de referencias culturales, y a la capacidad de interpretación e integración del conocimiento.

La mente no puede ser educada en la dispersión, en el continuo movimiento y trajín cotidiano. Somos caminantes, no corredores. De ahí que, una vez más, reclame la práctica reposada de la conversación, del diálogo, de la comunicación, de la lectura.

El libro de papel, desde su debilidad ante los ejércitos a los que se enfrenta, solo se ofrece a sí mismo, forma parte de un ecosistema y su función no es tan fácilmente sustituible por otros cimientos.  

Cada vez importa más la práctica de la conversación, de la lectura.

Salvaguardar la lectura, proteger el arte de decir y de escuchar, proteger la escritura. La desaparición del lector en profundidad lleva a la regresión de la creación intelectual. Un hijo  o hija cuyos padres le proporcionan una educación autoritaria o en exceso permisiva lo pueden convertir en un psicópata, (provocarle lo que etimológicamente se traduce como enfermedad del alma).

La escuela debe, en cierta medida, resistirse a las tecnologías distractoras, el verdadero cambio es el desarrollo moral e intelectual del individuo.

Proporcionemos a cada cual el justo lugar que le pertenece. A la tecnología el que tan eficazmente le corresponde. A la humanidad, a la ciencia humanista, el lugar que nunca debe ceder. Es urgente  hablar del progreso y la deshumanización, de la difícil convivencia en la actualidad entre ambos.

Corremos el riesgo de acrecentar la incapacidad de aprender por la experiencia. Hay una falta absoluta de sinceridad en las relaciones interpersonales y  nuestra capacidad para mejorar la experiencia pasada es muy limitada. Hoy también vivimos esa gran encrucijada. La superficialidad en las relaciones interpersonales cada vez es más grande.

De cada uno de nosotros depende la dirección que elijamos. Mi opción está tomada, pero no dejo de preguntarme: ¿habrá escogido ya la humanidad otro camino distinto a aquel por el que conseguimos  llegar hasta aquí? 


lonxedaterra@hotmail.com