VENTANA ABIERTA

Las flatulencias de Mac Donald Trump

La derecha estadounidense, en sus orígenes, emana del mito constituyente del destino manifiesto. Sus creadores emergen como los defensores de una refundación del orden moral y trascendente, definiéndose como movimientos culturales desligados de la acción política partidaria.

Esta peculiaridad evidenciada hace unos días en el esperpéntico discurso que sobre los mexicanos vomitó el candidato independiente Mr. Trump, es sin duda otra de las semejanzas que presenta la derecha gringa con el fascismo. 

El crecimiento del totalitarismo  de  los Estados Unidos, no hubiera sido posible sin la persecución  contra la izquierda y la cultura;  acciones emprendidas hacia un grupo de personas, artistas e intelectuales, que  por sus ideas políticas y sociales, generalmente progresistas,  (el Macartismo, un buen ejemplo de ello ), fueron acosados  durante los años de la llamada guerra fría.

La nueva derecha norteamericana busca la construcción de una humanidad uniforme, compuesta de estados-naciones parecidos, en cuyo interior aparecen sociedades mezcladas y dispares, sin vínculos históricos, culturales comunes, , a la manera de la sociedad estadounidense, que es el modelo universal para el mundo occidental, que, en realidad, es un mundo que oculta la intención de un igualitarismo absurdo, de  un monoteísmo social , político y económico.

Desde el momento en que uno se adhiere a la idea de una verdad única, le asalta la tentación de tratar de reducir la diversidad humana a un modelo único, arbitrariamente considerado como el “mejor”.

En los Estados Unidos, este tipo de flatulencias como las de Trump, es el resultado de “misiles de pensamiento” neo conservador, integrados en la plataforma del Partido Republicano para las próximas elecciones presidenciales en el país vecino.

La evolución innovadora del fascismo se sustenta en una economía  administrada por las leyes del mercado. La especie humana no sobrevivirá más que si los pueblos preservan, no solo sus diferencias, sino el respeto a ellas.

La lucha contra el racismo, la xenofobia, exige, pues, junto a una rigurosa batalla contra los prejuicios, una crítica no menos fuerte, a quienes incitan al odio entre las razas o entre las clases sociales. 


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