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Las batallas perdidas

El desencanto de la vida intelectual es cada vez más grande. El valor de la cultura ha sufrido en las últimas décadas una depreciación irrecuperable, los grandes maestros han desaparecido, las grandes obras están solo en el pasado y un amplio sector de la vida intelectual se ha entregado  a la comercialización.

Hoy en día, la pérdida del peso que tenían las obras literarias, artísticas o filosóficas en la esfera pública es una triste realidad.La cultura humanista está hoy abandonada por jóvenes entregados a las redes sociales.

Cualquier respuesta la obtienen -o creen obtenerla- allí, en el poder cada vez mayor de la información sobre el conocimiento.

O si se prefiere, en el poder cada vez más grande de la economía sobre la cultura. Las industrias de la ficción, del entretenimiento, se elevan sobre los valores del espíritu, la meditación y la reflexión.

Lo útil sobre lo inútil. La cultura se convierte en industria, en la forma de un complejo mediático-comercial que es el motor del crecimiento de las naciones “desarrolladas”.  Al prestigio se le opone la rentabilidad; a la reflexión, la facilidad.

El peso económico en la cultura la distorsiona, la infantiliza, la empobrece En medio de esta sapiencia sin fronteras se alza la sociedad universal de consumidores, cada vez más anónimos, más satisfechos, más alienados.

La cultura va perdiendo batallas y también la política. De ello se deriva el escepticismo y desconfianza hacia los políticos, el descenso de la militancia y la confusión de las identidades ideológicas. Internet es un peligro para el vínculo social,  en la medida en que, en el ciberespacio, los individuos se comunican continuamente, pero se ven cada vez menos.

En esta era digital los individuos llevan una vida abstracta e informatizada, en vez de tener experiencias juntos, quedan encerrados por las nuevas tecnologías. 

En una civilización así, ¿qué queda de los ideales humanistas sobre los que se levantó la cultura occidental? ¿Qué clase de ser humano producirá esta nueva civilización? : Solo la educación está a la altura del problema. Pero escuela y universidad,  ¿funcionan? ¿Es aún una tarea posible?


lonxedaterra@hotmail.com