VENTANA ABIERTA

Propensión a la ruina moral

Existen tipo de personalidades seductoras que aprovechan estos tiempos de incertidumbre e inseguridad para confundir, que no quieren ni aman  más que a su persona y a sus propios intereses y que son capaces de vender  su propia alma al diablo para obtener de los influyentes y de los poderosos, sus favores.

Estas personalidades tan frecuentes en tiempos aptos para el desconcierto, crecen y se reproducen con una enorme facilidad al amparo de la desvergüenza, bajo la amparo de mediadores mentirosos y trepadores. ¿Cómo podemos reconocerlos? Es  tarea difícil en una  época marcada por la  corrupción espiritual, política y económica, la banalidad  y la acelerada propensión a la ruina moral.  

¿Cómo evitar vernos seducidos por estos impostores del bien hacer,  tramposos y serviles?, ¿es posible no sucumbir a sus encantos nefastos? De acuerdo a la teoría dramática, se acostumbra a considerar la obra de Moliére como una crítica demoledora de los vicios de la sociedad y de sus hombres.

Este tipo de personajes  seductores  se infiltran en  los círculos más honorables, se disfrazan con las máscaras más discretas y practican con complacencia  al igual que  en el “Tartufo”, los valores humanos y las virtudes públicas.

Reptan, medran y se reproducen anhelantes, despacio, sin ruido, hasta encontrar el lugar en donde clavar su veneno. Son pacientes con el rico, simpáticos  con el poderoso, pero son egoístas y avariciosos con el pobre y el necesitado. Estos ejemplares depredadores del presupuesto público confunden nuestra realidad con su fantasía.

Y como no aprenden ni con desprecios ni con sanciones, ni tampoco con prevenciones ni con el descrédito de los honestos, serán siempre quienes contribuyan a la banca rota de las relaciones humanas.Al igual que para Moliére nuestro mundo es amargo.

De ahí el profundo pesimismo en  su “Don Juan”. La medida de la transgresión la establece la misma sociedad que está hecha a la manera de espejo de sus transgresores. Es una sociedad que por su ruindad merece ser transgredida.

Toda sociedad está hecha a la medida de sus “misántropos”, sus “don Juanes”, de sus tartufos y “tartufas” que la usufructúan. 


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