VENTANA ABIERTA

Matrimonio igualitario, legitimidad para todos

La homosexualidad no se puede superar ni se debe intentar siquiera, no es una enfermedad ni una moda, sino una condición natural de las personas que ha existido siempre. Hoy día todas las organizaciones nacionales e internacionales de medicina y psicología asumen que la homosexualidad y la bisexualidad son tan naturales como la heterosexualidad. El matrimonio entre personas del mismo sexo no puede promocionar nada que no esté ya en los individuos.

Cuando una fobia impide a una persona o grupo participar en actividades que la “buena “sociedad considera indecentes, es ella misma la que resulta perjudicada. La sexualidad, lo que cada uno haga en la cama es privado. Los derechos que la sociedad asocia a las personas en virtud de formar parte de unidades familiares, son un asunto público y de derechos. Hasta ahora las personas tienen acceso a determinados derechos: pensiones, herencias, filiación etc. en virtud de su heterosexualidad, que no es privada, sino que está institucionalizada. Nosotros solo pedimos igualdad de derechos para todos.

En tanto que la finalidad de la ley común consiste principalmente en proteger a las personas contra el daño infringido por otros, la ley canónica se ocupa de las ofensas dirigidas contra la iglesia. Castiga a la gente por acciones que no perjudican a nadie, y se justifica calificándolas de pecaminosas y alegando, sin demostrarlo, que dañan a quién las realiza.

La represión sexual nos afecta a todos, no importa cuál sea la orientación sexual natural de cada cual. Su efecto, en la mayoría de los casos, consiste en crear un área intermedia en el carácter de la persona que altera los impulsos sexuales naturales y positivos que emergen del núcleo psicológico y emocional del individuo y los transforma en impulsos secundarios, dañinos y corrompidos. Los más afectados por esto son los homosexuales cuya sexualidad ha sido durante siglos prohibida, perseguida y criminalizada por la mayoría heterosexual. Como resultado, muchos homosexuales desarrollan identidades heterosexuales falsas, enfermizas y corrompidas mediante las cuales se hacen un gran daño tanto a sí mismos como a toda la sociedad. 


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