VENTANA ABIERTA

Imaginar para vivir

A veces pienso cuantas justificaciones y autoengaños elabora nuestro corazón para poder seguir viviendo sin problemas. Cuántas versiones sobre un suceso se crean para evitar conflictos. Las excusas que explican el abandono, por ejemplo, de los seres queridos que amamos, las primeras deslealtades de los amigos o esas ilusiones y mentiras y distorsiones de la realidad que producimos continuamente como reflejos condicionados  para defendernos de  aquello lo que nos mortifica, entristece o amarga. Todo esto tiene su porqué: pospone depresiones o ataques de miedo y en muchas ocasiones,  males mayores.Uno de los propósitos de las mentiras trascendentales es el de acabar con un dolor que de otra forma nos asfixiaría en vida. Entonces, construimos razones y consideraciones equivocadas para revelar nuestro pasado y también para conocer porqué de una forma y no de otra.Se suele distorsionar la realidad, nos creamos ilusiones ficticias sobre el mundo que soñamos y que nos rodea por lo que, así, creemos sentirnos más seguros, más confiados, con un control falso de lo que nos acontece. Se cambian y se fabrican las circunstancias a nuestro antojo, se omite información que es importante para decisiones clave, se inventan o se silencian hechos pasados que son fundamentales para entender nuestra inesperada realidad. A veces, también nos enfurecemos, nos ponemos rojos de ira y no sabemos manejar la situación, porque nos acostumbraron a mentir  y falsear desde la cuna, porque en el mundo de las apariencias,  se miente hasta en  el entierro.Hay ocasiones en que una experiencia ha sido tan cabrona y terrible, que se prefiere olvidarla y recordar en su lugar lo que nos hubiese gustado que hubiese sido. A fuerza de esconder en los rincones de la memoria los hechos traumáticos, los borramos de la conciencia y en su lugar guardamos otros más convenientes. Así, sufrimos menos. Inventamos infancias felices, recordamos a padres maravillosos, presentamos al público la imagen de un matrimonio bien avenido y unos hijos modelo, un trabajo estimulante y creemos en amistades generosas. El tiempo, ese triturador de la esperanza humana,  y la ley de causa y efecto, avanzan implacable sobre nuestro verdadero futuro. 


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