VENTANA ABIERTA

Día Internacional del Teatro 2016 (Mi experiencia con Anatoli Vassiliev)

No tenía ninguna pretensión de quedarme ni tampoco pensaba que me iban a seleccionar para trabajar con los rusos, por lo que hice mi audición con una tranquilidad asombrosa, pasmosa diría yo para como es mi temperamento


En el verano de 1989, me invitó la directora mexicana de Teatro, Marta Luna, para que asistiera a una audición para un montaje que la Escuela de Arte Dramático de Moscú estaba por estrenar en el Gran Festival de la Ciudad de México. Dirigía Anatoli Vassiliev. Era domingo muy temprano.

Fui el último en audicionar. Ya habían pasado a Héctor Gómez, Pedro Armendáriz Jr., al igual que a otros compañeros actores que estaban dentro del rango y características que buscaba aquel Director ruso delgadito, muy serio, con una coleta de cabello negro amarrada a la altura de la nuca con un listón, de estatura media, y que no hablaba español. Su traductora era la Maestra de teatro en la UNAM, Alejandra Gutiérrez, quien era la que transmitía las instrucciones. 

En ese tiempo yo no tenía ni la menor idea de quién era Vassiliev, tampoco había hecho estudios de teatro en ninguna escuela, por lo que solamente hice lo que me pidieron. Durante casi una hora más o menos accedí a lo que me solicitaban que hiciese: Me moví como me indicaron, dije textos en español y francés, respondí a preguntas: 

-¿toca algún instrumento? 

- sí, respondí- la guitarra y el acordeón con teclado, no soy ejecutante, toco de oído. 

-¿Sabe cantar? - más o menos, 

-¿Su registro? - entre bajo y barítono- 

-¿Conoce la canción “Bésame mucho”?

Sí. - Cántela a capela, por favor. 

-Ah, caray, no esperaba audicionar para comedia musical. 

-No, no es para eso, pero queremos escucharlo canta y, también que baile al compás de la música que va a oír…. Cruce en diagonal el escenario moviendo el cuerpo como usted la sienta. 

No tenía ninguna pretensión de quedarme ni tampoco pensaba que me iban a seleccionar para trabajar con los rusos, por lo que hice mi audición con una tranquilidad asombrosa, pasmosa diría yo para como es mi temperamento. Fui a la audición ese día por corresponder a la atención de Marta Luna, quién me había convocado para el casting. Más tarde, afuera del foro, esperé con los compañeros a que el Director y la traductora salieran. 

-Moscoso, te quedas. Los demás, muchas gracias 

-Gerardo, aquí está tu libreto.Tienes dos personajes: el Padre y el Apuntador. La obra es “Seis personajes en busca de autor” de Pirandello. Empiezas hoy a ensayar a las 14 hrs. 

-¿Cuándo es el estreno? Pregunté.- El próximo miércoles- ¿Qué? Inconscientemente, como casi siempre, acepté.

Y así, empecé a trabajar a contra reloj. Como orate enloquecido. Aprenderme el texto en español me costó tanto trabajo que me compré una traducción argentina, otra española y una cubana para poder entender bien que era lo que quería decir el autor y hacer mi propia versión del texto para la construcción de ambos personajes. 

Expuse mi propuesta al director el lunes en el ensayo de la tarde. 

El Director, me traducían, te pide que te mantengas en tu intuición, que él centra todo su esfuerzo en el contenido estético de la obra, que busca en un escenario, “la atmósfera, porque ella es la ideología”.

Que tú solamente te dejes guiar por él y llevar por tus compañeros, sigue las instrucciones, Anatoli, dice que confíes en él porque él tiene toda la confianza en ti y tu capacidad actoral. Fue un alucine cabrón, un estrés superlativo. 

El Pirandello de Vassiliev, era un Pirandello abierto, totalmente libre en cuanto al texto, pero pirandelliano hasta la esencia. Vassiliev decía “ Pirandello es un autor fabuloso: ni místico, ni burgués, ni comercial; un autor demoniaco cuyos escritos están ahí, para recordarnos un punto de vista esencial: un hombre de teatro es ante todo un artista. Un artista libre; es decir, capaz de crear, de interpretar con libertad”.

Era evidente que en esa época Vassiliev desempeñaba un papel importante con Gorbachov y la perestroika. Se comentaba en los medios.

Me llamaba mucho la atención su desinterés por la pura ideología, por la pura política predominante ésta hasta no hacía mucho en el teatro soviético de aquellos años. 

Al margen de su sólida formación teatral, adquirida en las clases de dos discípulos directos de Stanislavski, Andrei Popov y María Knebel, en el Conservatorio Nacional Superior de Arte Dramático, de Moscú, Vassiliev tenía una gran curiosidad intelectual y artística, y una enorme capacidad de trabajo y, lo que más me llamó la atención durante el proceso de ensayos y la semana de funciones, era su labor pedagógica tan valiosa. 

El arquitecto Igor Popov era el escenógrafo, los actores Vitautas Dapshis, Irina Tamílina, Yuri Aishits, Nicolai Chindiaikin, sobre cuyos textos yo decía los mismos en español , Natalia Koliakánova y otra veintena de actores rusos, estuvimos todos concentradísimos durante las más de tres horas que duraba cada una de las seis funciones que dimos.

Sí, hoy me siento muy orgulloso porque Vassiliev desde la UNESCO lanzó su mensaje al mundo en el Día Internacional del Teatro, por haber trabajado con él y por haber participado en aquel montaje que me marcó para siempre y que me abrió las puertas para llegar a los grandes maestros del Teatro en México, fundamentalmente a Ludwik Margules, quien a partir de conocerme ahí, el día del estreno, me becó para estudiar con él, Perfeccionamiento Actoral y Meto-dología de la Dirección Escénica en el NET. (Núcleo de Estudios Teatrales) de la Ciudad de México.