VENTANA ABIERTA

Consume y produce, es la consigna

Después de la Iglesia, no hay institución menos valorada que la institución política en nuestro país,  y según el juicio de una gran parte de los mexicanos.

Cualquier que sea la institución, desde las universitarias a las de los medios de comunicación, se encuentran desacreditadas. 

La mayor parte de las instituciones se hallan en decadencia porque aparecen demasiado acosadas, abusivamente rígidas en relación con la intrascendencia, la frivolidad o la adaptabilidad inherente a la ley cultural del consumo.

A excepción de las fuerzas armadas las instituciones en México, están en un descenso, sobre todo las que tienen que ver con la política, donde los representantes y líderes son elegidos en gran parte por “dedazo”.

Los mismos políticos de hoy y de cualquier partido perciben esta decadencia incrementando sus voces vacías, desprovistas de ideario o repitiendo consignas que tratan de evocar los perdidos significados de hace treinta años.

La desaparición de las utopías es el síntoma político paralelo a la disipación en la idea del progreso.

Ahora no se va a ningún lado demasiado  concreto, hacia ningún objetivo predeterminado y con ninguna fe verdadera. Sí, hay un despegue económico y la violencia ha disminuido  notablemente en algunas entidades como Coahuila. 

La gente viaja, sale de compras con frecuencia, se deambula y se pasa el rato en los grandes centros comerciales  que han convertido la periferia de muchas ciudades igual que a el exterior de nuestra predestinación: produce y consume, maldito, es la consigna.

El futuro hoy es incierto, ni existen ya carreras para toda la vida, ni matrimonios, ni patrimonio, ni casa para siempre. La familia, sin embrago resulta ser, entre todas las formaciones o seudoformaciones, la que recibe todavía un aprecio notable por parte de la población, ¿desamparo? ¿Infantilismo?, ¿demanda de cariño?  Hace treinta años abundaban todavía los matrimonios con promesas de amor eterno. Actualmente incluso el amor ha pasado a formar parte del mismo sistema de consumo. El capitalismo de consumo es menos siniestro que el capitalismo de producción, y es a la vez, más divertido. ¿Será? 


lonxedaterra@hotmail.com