VENTANA ABIERTA

Carta a mi madre. 6 de Mayo de 1968

Queridísima Mamaiña: En tu última carta me preguntas sí voy a tener tiempo para organizarme con el cuarto curso de medicina,  el grupo de teatro universitario, y por encima, esto de grabar un disco en Barcelona. Me dirijo a ti porque sé que te inquieta y piensas que no voy a tener tiempo y posibilidades de hacer todo. 

Hasta ahora mis calificaciones han sido muy buenas desde que estoy en el internado, me he enriquecido culturalmente, intento vencerme en lo disperso y soy más disciplinado que cuando vivía en casa del tío Pepe. Ahora, gracias a algunos compañeros  de la facultad, tengo una visión más abierta de los problemas que pasan aquí y en el mundo, lo cual contribuye a ampliar  la parcela del saber que he elegido: medicina

Desde pequeño, en Torreón, empezaste a educar mi sensibilidad, a adentrarme en el conocimiento de las artes cuando me regalaste la guitarra y aquellos tres tomos (que aún conservo) de “El Libro de nuestros hijos”;  no hubo mejor forma de estimularme que esa, por la vía artística, lo que se escribía, pintaba o quedaba plasmado en las obras de arte que se reproducían en aquellos libros.

Ahora estoy en otra etapa que por la distancia no sois conscientes de ella. Sé que es preciso e importante que se preparen los jóvenes en carreras técnicas porque en el mundo ahora se necesita, pero a mí, eso no me cuadra. Me da miedo lo que supone que la gente se especialice y “solo se especialice en algo”. Yo estoy en contra de esa división del trabajo tan mutiladora para el ser humano y eso un buen provocador como yo,  lo debe de tener siempre presente.

La auténtica investigación se hace desde la concepción integral del mundo y eso se adquiere a partir de variados conocimientos para que, en resumen, aprendamos a pensar.

No te preocupes, Julián y Adelaida, me controlan más de lo que yo quisiera.

Hoy, desde Santiago de Compostela, Galicia, este problemático e inquieto hijo, piensa, sueña y te quiere. Xerardo.


lonxedaterra@hotmail.com