Capitolio

Los tiempos del PAN

El PAN tiene mejores cosechas como oposición que como gobierno. Su ascenso al poder significó, para muchos, la desaparición del PRI o al menos su achicamiento. Sin embargo, sus errores en la conducción del país y la fuerza acumulada por el partido fundado por Calles en 1929 le permitieron sobrevivir a la democracia y ocupar de nuevo la silla del águila tras los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón, cuyo retroceso en las urnas fue constante.
La etapa de mayor crecimiento del PAN ocurrió en el sexenio de Carlos Salinas. Antes de ocupar la presidencia, “el villano de Agualeguas” se enmascaró de izquierdista en el ejido lagunero de Batopilas, junto con su hermano Raúl, el tamaulipeco Hugo Andrés Araujo y otros a los que el poder transformó en capitalistas y neoliberales. La historia de siempre. El alzamiento del EZLN pudo obedecer incluso a un sentimiento de traición motivado por los Salinas de los setenta y principios de los ochenta.
Salinas se decantó por el PAN por intereses políticos y afinidades ideológicas reforzadas con la caída del Muro de Berlín. Cuauhtémoc Cárdenas, del Frente Democrático Nacional, fue el segundo candidato más votado en las elecciones de 1988, con casi seis millones de papeletas (treinta y uno por ciento del total), pero la sospecha de fraude —sobradamente fundada— alejó cualquier posibilidad de negociación con el gobierno y el PRI.
Los votos del PAN en el Congreso le permitieron a Salinas emprender un programa de reformas. La derecha, organizada por Gómez Morín en 1939 como contrapeso de los planes socialistas de Lázaro Cárdenas, lo apoyó por dos causas fundamentales: 1) convertía una parte de su programa en acciones de gobierno; y 2) cálculo político. Salinas abrió el sistema para favorecer el PAN y lo cerró a las fuerzas de izquierda representadas por su rival en los comicios de 1988.
Bajo ese esquema, el PAN empezó a ganar gubernaturas (Baja California, Chihuahua, Guanajuato...), alcaldías y posiciones en los congresos (federal y locales). Unas con votos, otras por negociaciones cupulares. Acción Nacional colaboró también con el gobierno de Ernesto Zedillo —en 1995 votó con el PRI el alza del IVA— e influyó en la reforma política que posibilitó la alternancia en Los Pinos.
La historia se repite ahora con el presidente Peña. La reforma energética —tan amplia o limitada como al final resulte— salió con los votos del PRI y el PAN. La separación del PRD del Pacto por México también favorece al partido de Gustavo Madero. En esa tesitura, Acción Nacional condicionó su apoyo a la aprobación previa de la reforma política que resta poder a los gobernadores en los comicios y somete a los organismos y tribunales locales al Instituto Nacional de Elecciones (en gestación) y al Senado.
Es en este contexto que los líderes del PAN —tradicionales (García Villa, Jorge Zermeño, Rosendo Villarreal) y nuevos (Guillermo Anaya, Luis Fernando Salazar, Silvia Garza, Isidro López Villarreal)— deciden organizarse y restañar heridas con un propósito inicial: hacerse con el control del Congreso de Coahuila el año próximo. De haber superado antes celos y vanidades, hoy estarían en mejor posición para lograrlo. ¿Qué los anima? El resultado de las elecciones federales de 2012 y las municipales de este año, el clima social en el estado y la influencia de su partido en el gobierno del presidente Peña. Lo dicho: el PAN gana más como oposición que como gobierno.



gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx