Capitolio

No tener corazón

Vaya manera de cerrar el año. El país no vivía tiempos tan aciagos desde hace mucho, no porque los anteriores hayan sido venturosos, sino porque 2014 resultó particularmente lóbrego. Por su incompetencia y falta de sensibilidad para entender las manifestaciones de la juventud y otros sectores, una parte de los cuales pide la renuncia de Peña Nieto, el gobierno es responsable en gran medida de la crispación y la zozobra. Entre las imágenes memorables del año está la figura incendiada del mandatario frente a Palacio Nacional el 20 de noviembre, fecha simbólica por haber marcado el inicio de la Revolución de 1910.En una charlaradiofónica con Carmen Aristeguiel 5 de diciembre, el poeta y periodista Javier Sicilia, cuyo hijo fue asesinado junto con otras seis personas, el 28 de marzo de 2011, declaró que en la reunión del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad con los candidatos a la Presidencia, el 28 de mayo de 2012, le espetó a Peña una frase quelo molestó: “Usted no tiene corazón”. En dos años de gobierno, tampoco ha demostrado sentido político, concluyó Sicilia.En términos de imagen y credibilidad, el sexenio ya se acabó, lo cual acelerará procesos, como la sucesión presidencial de 2018. Si a Felipe Calderón se le reprochó no haber preparado un candidato tras la muerte de Juan Camilo Mouriño en un accidente aéreo, Peña ha enseñado muy temprano a sus delfines —Luis Videgaray, de Hacienda, y Miguel Osorio, de Gobernación—, pero ninguno convence. Crisis como la actual, incluso menos graves,eran comunes en el quinto o sexto año de gobierno, no en el segundo.El momento para retomar la iniciativa era el 27 de noviembre, en Palacio Nacional, pero se dejó pasar. Responder con retórica victimista y anuncios fuera de lugar —la mayoría refutados por inoperantes o minimizados por banales— a una crisis que exige visión de Estado, energíacontra la corrupción y la impunidad y resultados, decepcionó a todo el mundo.Para atemperar la reacción negativa de la sociedad y de los medios de comunicación nacionales y extranjeros,se recurrió al anacronismo de publicar desplegados de apoyo al presidente y su decálogo, por parte de instituciones públicas y organismos afines al gobierno.La indignación social y laaceleradadescomposicióndel país por la violencia, la confabulación entre autoridadesy delincuentes, la falta de Estado de derecho yde respeto a los derechos humanos, la ingobernabilidad y fragilidad institucional generaron mayor presión y angustia por los efectos de una reforma fiscalrecaudatoria e inquisitoria y una ley antilavado que vuelve sospechoso al ciudadano, no al criminal. Para elevar sus ingresos, el gobierno sangró la economía de millones de familias y empresas pequeñas y medianas. El resultado fue el estancamiento y un PIB mediocre de dos por ciento, si bien nos va.Por lo visto, las autoridades federales no tienen intenciones de rectificar; sería debilidad o, peor aún, gesto de humildad. Lo más que puede esperarse son cambios en el gabinete, no forzados por la crisis, como hubiera ocurrido en cualquier otro paísmucho antes de llegar a extremos tan graves, sino porque así lo marca el manual del PRI, cuyo interés consiste en conservar el poder. Por tanto, ya empezó a buscarle sucesor a Peña Nieto para 2018; la sociedad, también. El primer ensayo será el 7 de junio. 


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