Capitolio

El síndrome de hibris

Humberto Moreira es un histrión. Como gobernador, igual bailaba cumbias colombianas en ceremonias oficiales o en el estadio Francisco I. Madero con un sombrero Zapata para festejar el campeonato de los Saraperos (¿título comprado por él como socio?), que desafiaba al presidente Felipe Calderón y lo colmaba de epítetos.

Con el mismo desparpajo calificaba a los ricos de Saltillo de fariseos, copetudos y “rodillas callosas”, que retaba a sus opositores a dirimir diferencias “en el callejón de los trancazos”.

Hoy, desde la soledad de su retiro involuntario y delatado por ex funcionarios y ex socios que ahora colaboran con el gobierno de Estados Unidos en la investigación de una red de corrupción originada en Coahuila, se declara “tranquilo, sereno en la confianza”, dedicado a su tesis doctoral y arropado por “su” gente.

El eslogan de su mandato fue “El gobierno de la gente”: del pueblo, donde todavía tiene prosélitos. “Porque les regaló dinero, una casa, una beca para sus hijos”, me dicen críticos de su estilo populista y algunos priistas descontentos.

Ese sector, sin embargo, es el menos informado. No conoce de la deuda o sabe poco del tema, aunque también deberá pagarla en los próximos 28 años. Cada coahuilense debe hoy 12 mil 383 pesos.

El mérito de Humberto Moreira, cuyo carisma y astucia reconocen tirios y troyanos, consistió en haber desplazado a familias y grupos económicos que se alternaban el poder. Operador electoral de Enrique Martínez, su carrera por la gubernatura la inició a la vista de todos. Entonces no era un hombre rico.

La sucesión de 2005 confrontó a Moreira con los secretarios de Gobierno, Raúl Sifuentes, y de Finanzas, Javier Guerrero, con el senador Jesús María Ramón y con el también empresario y político Alejandro Gutiérrez. Moreira fue desde un principio el preferido de Martínez. Cuando el gobernador quiso rectificar, su pupilo ya lo había derrotado. Allí empezó la ruptura.

Moreira echó por la borda todas sus conquistas, bien o mal ganadas, por su hibris exaltada. “El Joven Maravilla”, el “nuevo rostro del PRI” terminó como villano y sin posibilidad de remisión. Todos sus muertos gozan de cabal salud: Enrique Martínez en el gabinete peñista y en la terna para el PRI.


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx