Capitolio

La rifa del tigre

La alternancia inaugural en Durango, Quintana Roo, Tamaulipas y Veracruz, después de casi 90 años de gobiernos priistas, es bienvenida pero tardía. De haber llegado antes, la situación de millones de mexicanos no sería trágica y ruinosa por culpa de gobernadores incompetentes, corruptos y descarados.

El exlíder del PRI, Manlio Fabio Beltrones, jamás explicó las causas de la derrota. Las conoce, pero prefiere ocultarlas. Admitirlas equivaldría a exhibir errores y vicios fundacionales; y lo peor: vacío de poder, descrédito y crisis de liderazgo en Los Pinos y en el partido de Peña Nieto.

La sociedad está harta de mentiras, corrupción y desafueros. Abomina de la falta de castigo para los poderosos, de la soberbia y la indecencia política imperantes. El primer paso para penalizar las conductas delictivas se dio en las urnas el 5 de junio. Ahora corresponde a las autoridades electas aplicar la ley, sin afanes revanchistas o de propaganda, sino apegados a derecho. No es fácil, pero sí asequible. Basta con auditar las finanzas públicas, rastrear el dinero y cotejar la situación patrimonial de las autoridades y de sus familias, antes y después de ocupar los cargos.

La alternancia en ocho de los doce estados donde se eligió gobernador debe poner tras las rejas a cuando menos cuatro mandatarios locales, por corruptos y por haber endeudado a sus estados sin que, como en el caso de Coahuila, exista certeza sobre el destino de los recursos, parte de los cuales sirvió para financiar campañas políticas y enriquecer a gobernadores, funcionarios, líderes políticos y familiares. Además, por haber abandonado sus responsabilidades y cedido parte de sus funciones a la delincuencia organizada, lo cual también se castigó en las urnas.

Los electores revaloraron su voto y lo ejercieron con libertad incluso en entidades como Tamaulipas, Veracruz, Chihuahua y Durango, donde los carteles de la droga, por una parte, y las autoridades, por otra, crearon un clima de terror. El sufragio clientelar, al que han apostado los partidos para imponer a candidatos incondicionales al poder, y no comprometidos con los ciudadanos, se pervirtió y encareció tanto, que cada vez alcanza menos para asegurar victorias; sobre todo al PRI, cuyo nuevo líder Enrique Ochoa ganó la rifa del tigre.


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