Capitolio

La reforma pendiente

El peor fracaso del PAN en doce años de gobierno fue no haber atacado la corrupción de raíz, como Vicente Fox y Felipe Calderón lo prometieron. El desengaño es mayor cuando se advierte que no solo fueron remisos, sino que también propiciaron el robo y cercanos suyos participaron de él en múltiples casos. Para más inri, ese partido —fundado por Manuel Gómez Morín en 1939 con las mejores intenciones— es culpable de que la ciudadanía pierda la esperanza en la posibilidad de un cambio real y de que la democracia, en lugar de generar expectativas, las apague. La cuestión no radica en saber cuál partido es más corrupto —el PRI, el PAN o el PRD—, pues al final todos lo son según constata el país tanto a escala municipal y estatal como federal. A Fox nadie le quitará el mérito de haber despertado a la sociedad y logrado la alternancia después de setenta años de gobiernos del PRI, pero tampoco nada lo salvará de pasar a la historia como un presidente anodino y frívolo. Hizo bien en desacralizar la figura presidencial, si no la lleva al extremo del ridículo.


El presidente que ofreció una pesca abundante de corruptos, la limitó al ex director de Pemex, Rogelio Montemayor, por el desvío de más de mil millones de pesos a la campaña de Francisco Labastida. Al final, Montemayor fue absuelto. El gobierno de Fox liberó también a Raúl Salinas de Gortari, preso en el sexenio de Ernesto Zedillo por su participación intelectual en el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu, padre de la actual secretaria de Turismo, y enriquecimiento ilícito. Para compensar la reclusión, en el gobierno de Peña Nieto se le regresaron propiedades y dinero. ¿Cómo creer así en la justicia?


Fox y Calderón permitieron además que los gobernadores —del PRI, el PAN y el PRD— hicieran de la soberanía de los estados trajes a su medida. No solo robaron, también faltaron a sus principalesresponsabilidades, lo que explica las actuales crisis de inseguridad y los elevados déficits de salud, educación y estado de derecho. Lo que sucede en Michoacán, Guerrero, Oaxaca y la mayoría de las entidades —Coahuila con una deuda por más de treinta y seis mil millones de pesos, herencia de Humberto Moreira— no es fortuito: es el resultado de sexenios de incuria y complicidad.


El escándalo de Oceanografía refleja la profunda corrupción en México. Se trata, como en otros casos, de apenas un asomo de la enorme masa de fortunas creadas al amparo del poder y la ley de protección mutua. Noam Chomsky advierte que lo único bueno de la corrupción es que desenmascara a los corruptos. El PAN ya lo ha sido, o sea, el partido cuya bandera, antes de acceder al poder, fue justamente contra la corrupción. Ahora se ve que no era denuncia, sino envidia por falta de espacios para practicarla. Incluso fue más allá: El partido “democrático” que ostentaba ser, corrompió también las elecciones: recurrió a filiaciones masivas, compró votos, lucró con la pobreza a través de los programas sociales. ¿Cuál es la diferencia entre el PAN y el PRI? Por eso, con toda tranquilidad, militantes de un partido emigran a otro sin el menor rastro de rubor. El único distintivo de la corrupción son las siglas del partido, es decir, todos son venales; y por extensión, los gobiernos. Ahí reside la explicación al por qué la sociedad abomina de la política y sus oficiantes: por inmorales. El color no importa. La gran reforma pendiente es la que persiga y castigue a los corruptos.


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