Capitolio

La prueba de los 100

Desde que en 1933 Franklin D. Roosevelt selló en los cien primeros días del New Deal su presidencia, acosada por la Gran Depresión, el periodo sirve de hito para sopesar el liderazgo y la capacidad de gestión de los gobiernos. Justamente el 10 de abril, los ayuntamientos de Coahuila cumplieron cien días de ejercicio. La sociedad, los partidos y los medios centran su atención en los municipios donde hubo alternancia y en los que, por su impacto electoral, son dominados por la misma fuerza política. Isidro López (PAN), alcalde de Saltillo, y Miguel Riquelme (PRI), de Torreón, gobiernan casi el 50% de la población del estado. López inició a medio gas por varias causas: es su primer cargo público y planifica sus acciones; además, recibió finanzas sanas, mejor infraestructura urbana, desarrollo industrial y servicios de regular calidad. Riquelme, político de oficio, empezó con el acelerador a fondo por las crisis heredadas: deudas por alrededor de mil millones de pesos, inseguridad, falta de inversión y déficit de servicios.

En los cien primeros días de los ayuntamientos 2014-2017, Rubén Moreira —tercer gobernador del PRI que comparte la capital con la oposición— dedicó más tiempo a Torreón que a Saltillo. Rosendo Villarreal y Manuel López, los anteriores alcaldes panistas, ganaron en las elecciones intermedias de Eliseo Mendoza y Rogelio Montemayor. La relación más ríspida fue entre Villarreal y Mendoza, acaso por ser la primera alternancia municipal.

La hostilidad de un sector de la prensa a la gestión de Isidro López se atribuye, entre otros factores, a razones presupuestarias y a diferencias de criterios. Una fuente narra que cuando un medio se acercó al alcalde para ofrecerle que “en menos de dos años lo instalaría en la antesala del gobierno del estado”, López contestó: “No me interesa”. Su futuro político no depende de un medio, sino de su desempeño y de sus relaciones, incluso con figuras del PRI que le apoyan para obtener recursos del gobierno federal.

La crítica recurrente contra el alcalde capitalino es por los robos y asaltos, aunque el director de Seguridad Pública, Clemente Yáñez, lo fue también de Jericó Abramo, su predecesor priista. Saltillo registra un alto déficit de policías: para una población superior a los setecientos treinta mil habitantes, debería tener por lo menos dos mil, y los efectivos no sobrepasan los cuatrocientos. La explicación es que los nuevos métodos de selección (exámenes de confianza) obligaron a prescindir de un elevado número de preventivos, y al poco interés de formar parte de las fuerzas públicas. Para enfrentar el problema, el ayuntamiento proyecta incorporar más de cuatrocientos policías por año —egresados de la Academia—, mejorar los salarios y aumentar el número de cámaras urbanas.

Entre los planes de la administración destaca también el otorgamiento de créditos a pequeñas y medianas empresas, el desarrollo de centros comunitarios, la solución de conflictos viales y el cuidado de áreas protegidas como la Sierra de Zapalinamé. Hasta hoy, las críticas no han hecho mella en el ánimo del alcalde, cuyas relaciones con el gobernador, también hasta ahora, son cordiales. López fue el candidato a alcalde más votado en las elecciones del año pasado: obtuvo ochocientos sufragios por encima de Riquelme en Torreón, pero más de diecisiete mil respecto a su contrincante priista Fernando de las Fuentes. La legitimidad le ha dado fuerza al panista para gobernar la capital sin contratiempos.


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