Capitolio

La prueba de las urnas

Las elecciones de medio período determinarán el futuro de la presidencia de Peña Nieto. El contexto es adverso para él y su partido por la inseguridad, la corrupción, la falta de crecimiento y el descrédito por las masacres de Ayotzinapa y Tlatlaya y los escándalos por la “Casa Blanca” y la del secretario de Hacienda en Malinalco, adquiridas al mismo contratista del gobierno federal y del Estado de México. El 7 de junio se elegirán dos mil 159 cargos: 500 diputados federales, 641 locales, nueve gobernadores, 993 alcaldes y dieciséis jefes delegacionales en el Distrito Federal.El proceso medirá también los alcances del flamante Instituto Nacional Electoral (INE) y de los nuevos organismos públicos locales electorales (Oples). Seis de los nueve estados que nombrarán gobernador son administrados por elPRI (Campeche, Colima, Nuevo León, Michoacán, Querétaro y San Luis Potosí), dos por el PAN (Baja California Sur y Sonora) y uno por el PRD (Guerrero). En la mayoría habrá alternancia.Como sucede desde las elecciones intermedias de 1997, en las cuales el PRI perdió por vez primera la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, para la segunda mitad del sexenio de Peña Nieto se prevé también un gobierno dividido, o sea sin el control del Congreso. Una encuesta de “Reforma”, publicada el 10 de diciembre, revela que entre agosto y finales de 2014, el PRI perdió veinticinco por ciento de la intención de voto y el PRD más del dieciocho. El PAN subió diez por ciento.El PRI ocupa 214 asientosen la actual Legislatura,el PAN 114, el PRD 101, el Verde 27, Movimiento Ciudadano 20, el PT 14 y Nueva Alianza 10. De los tres nuevos partidos, Movimiento Regeneración Nacional (Morena), fundado por Andrés Manuel López Obrador, es el único con apoyosuficientepara conservar su registro. La intención de voto lo ubica solo siete puntos abajo del PRD en las delegaciones del DF y en empate técnico en las diputaciones federales. Debajo de ellos están el PRI y el PAN. El Partido Humanista y Encuentro Social son las otras fuerzas debutantes.El abstencionismo suele ser mayor en las elecciones intermedias. Según datos del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados, el promedio de las últimas dos décadas fue de 47.9 por ciento. Los legisladores cuentan con escasa legitimidad, pues un candidato que triunfe con el 35 por ciento de los votos, apenas tendría el respaldo del 18.2 por ciento de la lista nominal del distrito respectivo. La concurrencia de procesos en diecisiete estados y el Distrito Federal son un aliciente para elevar la participación en las urnas.La reelección de diputados hasta por tres períodos consecutivos, a partir de la próxima legislatura, debe obligarlos a mejorar su desempeño y a estar al pendiente de sus distritos. Además, por primera vez desde 1946, los ciudadanos podrán ser candidatos sin pertenecer a ningún partido, por efecto de la reforma electoral. Sin embargo, no recibirán prerrogativas para recabar firmas ni para campaña, y su acceso a radio y televisión será limitado. La intención es justamente esa: cerrarles el paso para que los partidos mantengan el monopolio del poder. Por esa razón, cobra fuerza la convocatoria del poeta Javier Sicilia, el sacerdote Alejandro Solalinde y otros líderes, para boicotear las elecciones. 


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