Capitolio

El poder y la prensa

¿Qué tan lejos o cerca está México de que una indagación periodística provoque la renuncia de un presidente por faltas graves a la Constitución? Richard Nixon dimitió a la presidencia de Estados Unidos por la investigación de Carl Bernstein y Bob Woodward, de The Washington Post, sobre el allanamiento de las oficinas del Partido Demócrata, cuyos teléfonos fueron intervenidos por órdenes de asesores políticos del presidente. El escándalo del Watergate se descubrió en junio de 1972 y en noviembre de ese año, Nixon ganó las elecciones para un segundo periodo, el cual dejó incluso el 9 de agosto de 1974 para evitar acusaciones de obstrucción a la justicia.Cancelar la compraventa de la Casa Blanca, pactada entre Angélica Rivera, esposa del presidente Peña Nieto, e Ingeniería Inmobiliaria del Centro, del influyente Juan Armando Hinojosa Cantú (Grupo Higa), por una investigación del portal Aristegui Noticias, equivale a un pequeño paso para la prensa independiente, pero a un gran salto para la democracia. La idea la tomo de Neil Armstrong cuando pisó la Luna el 21 de julio de 1969, sobre el significado de la hazaña para el hombre y para la humanidad.La declaración de Rivera sobre su holgura económica y la operación con Hinojosa Cantú, a cuyo grupo el gobierno federal también le asignó la construcción de un hangar por más de mil millones de pesos para el nuevo Boeing 787 Dreamliner de Peña Nieto, en el cual se gastaron siete mil millones, fue para defender su integridad y evitarle daños a su familia. Sin embargo, el daño a la imagen suya y del presidente es irreparable y aún puede ser mayor. Si desde la entrevista con Hola! informa de cómo se hizo con la suntuosa residencia y de que el Grupo Higa, contratista favorito del gobierno, estaba en medio, Troya hubiera ardido desde entonces.El mérito de Aristegui Noticias fue justamente ese: dar seguimiento a la residencia presidencial alterna y descubrir un caso típico de conflicto de interés o de tráfico de influencias. Rivera no es funcionaria del gobierno, es cierto, pero sí una figura pública de gran influencia en el país. No es la esposa de un empresario o de un político equis, como en los últimos años se ha puesto de moda ese tipo de matrimonios, sino del jefe mexicano de Estado y de gobierno, razón por la cual debe cuidar cada uno de sus actos.Precedidas por descalificaciones de Peña Nieto sobre el trabajo periodístico—habló de falsedades sin sustento e incluso de mala fe por el momento de su publicación, cuando en realidad lo esencial fue confirmado— y de presuntas conjuraciones desestabilizadoras y en contra de su “proyecto de nación”, las cuales recuerdan las arengas nacionalistas de Luis Echeverría, las explicaciones de Rivera, insatisfactorias para la mayoría, ocurrieron diez días después del escándalo. Además, los argumentos no pudieron contener la avalancha de críticas de un Méxicoa la deriva. Basta revisar la prensa y las redes sociales.En un país donde los excesos y arbitrariedades de los poderosos jamás tienen consecuencias, verlos vencidos representa un bálsamo, una victoria para un pueblo agraviado. En su columna “Los presidentes mienten”, Jorge Ramos reflexiona: “Pocas veces ocurre —como en la película sobre Watergate, All The Presidents Men— que los periodistas tumban del poder a presidentes corruptos y a líderes mentirosos. Pero Ben Bradlee y sus reporteros del Washington Post nos enseñaron que todo político debe temer esa posibilidad. No hay nada más revolucionario que decir la verdad”. 


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